Mira como vuelo

IMG_7445Verano de 2016. Yo iba en el coche, camino del hospital para ser operada por segunda vez del hígado. Iba escuchando una canción que durante los últimos días se había convertido en una especie de himno para mí. Esa canción hablaba de la superación del miedo, de cómo la vida a veces parece ponernos a prueba y no darnos tregua, y a pesar de ello, volamos. Hay canciones que parecen dedicadas a un momento de nuestras vidas.

Seguí escuchándola durante los siguientes meses. En diciembre, antes de la tercera operación, cuando de nuevo me dirigía hacia el hospital, la busqué y volví a ponerla. Estaba muerta de miedo por mucho que intentase sonreír. No pude evitar emocionarme. Al final os pongo la letra, si la leéis comprenderéis por qué.

Aquel día me dije a mí misma que algún día, lo antes posible, escucharía esa canción en directo. Este jueves pasado al fin pude hacerlo en un festival en Benicassim en el que actuaba Miss Cafeína, sus autores. Fue tan especial… Me sentí hiperfeliz y a un mismo tiempo un poco triste. Todo el mundo saltaba y cantaba porque es una canción muy animada, y yo también lo hacía, pero a la vez las lágrimas resbalaban por mi rostro. Porque aunque la canción habla de las almas que vuelan y no se rinden, el camino es cuesta arriba y cansado. Pero ahí seguimos, ¿no?

Me he marcado el objetivo de conocer al grupo que canta la canción en persona. Sé que sería un momento muy especial para mí. Si alguien se le ocurre cómo conseguirlo, sería fantástico.

Luis y yo en el concierto: 

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Aquí os dejo la letra de la canción y el vídeo en youtube.

Para los cuerpos
que ven desvanecerse el tiempo,
escapándose,
resbalando entre los dedos.
Para las almas
que ahora viajan más ligeros,
que han soltado lastre
y que saben también
hay una voz dentro.
Dice que no,
dice que lo siento.
Dice que no se rinde,
que hagan sus apuestas,
que sigue el juego.
Dice que no hay miedo a venderte mi ilusión,
que no le tengo miedo al miedo.
Sin ese peso, ya no hay gravedad,
sin gravedad, ya no hay anzuelo.
Mira como floto, mira como vuelo.
Mira como avanzo, valiente,
dejándolo todo atrás.
Y parece que
la vida quiere hacer
del paso del tiempo
una guillotina,
una trituradora de sueños.
Y de cada año,
una declaración
de rendición sin condiciones.
Bandera blanca
a su ejército de zombies.
Pero hay una voz, hay una voz
dentro.
Y dice que no,
dice que lo siento.
Dice que no se rinde,
que hagan sus apuestas,
que sigue el juego.
Dice que no hay miedo a venderte mi ilusión,
que no le tengo miedo al miedo.
Sin ese peso ya no hay gravedad,
sin gravedad ya no hay anzuelo.
Mira como floto, mira como vuelo.
Mira como floto, mira como vuelo.
Mira como avanzo, valiente,
dejándolo todo atrás.

 

 

Lo último que quiero, por favor

Hoy no le escribo a mi hijo, me escribo a mí, y al universo. Estoy en un aeropuerto, de vuelta a casa, tras pasar unos días con mi familia en Amsterdam. Hemos disfrutado mucho. Y el caso es que aquí estoy, leyendo la prensa con la noticia de la muerte de una exministra a la edad de 46 años. Al parecer una de las últimas cosas que hizo fue escribir a su hijo un mensaje en instagram. No puedo evitar sentirme identificada, no puedo evitar la pena por su familia, no puedo evitar la pena por mí misma. Un día sucederá, espero que aún me quede tiempo, pero sucederá. Y me gustaría que una de las últimas cosas que haga sea darle un beso a los que quiero. Que no sea un mensaje, que no sea ni siquiera una llamada. Que sea un beso y un abrazo, que haya te quieros, que haya ojos, manos y calor. Y que haya paz, mucha paz, por favor.

Una buena cita

loveCartas a mi hijo 8
Según parece, ya no estoy en la onda. Estoy anticuada, demodé, fuera de contexto. Me lo dejaste claro el otro día: no tengo ni idea de cómo liga un adolescente hoy en día. Recuerdo que te recomendé que si una chica del instituto te gustaba la invitases al cine o a tomar algo, y tú me miraste horrorizado.
-¡Mamá! ¿Pero qué dices? Ahora no se hace eso de ir a una chica e invitarla a saco…
-Bueno, antes podéis ir hablando, claro, en los patios y eso.
-Anda, déjalo. No tienes ni idea de cómo se hace ahora.
-Vale, explícame cómo funciona “ahora”.
-Se le sigue en Instagram, se le dan likes, luego se le ponen comentarios y si contesta, se empieza a hablar. Entonces uno de los dos da su número para abrir un chat en whastapp y ya por ahí se dice lo que toque. Y ya está.
-¿Y ya está?
-Sí. Ya está.
Vale, cariño, ahora tenéis una forma muy práctica de ligar, pero luego, cuando al fin quedes con una chica que te verdad te importe, créeme: más vale que la invites al cine o a tomar algo o incluso a cenar (ya si acaso en la siguiente pagáis a medias). Una buena cita, una que sea memorable, pide eso y risas, muchas risas. Descubre las cosas que le gustan y las que le preocupan, y cuéntale cosas que nadie sabe sobre ti. Ah, y no olvides decirle que te parece preciosa. Te lo juro,vida, esa será una gran cita. Y ese día te vas a acordar de mí.

Del por qué te mimo tanto

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mimarEsto te parecerá una extraña sucesión de pequeños quehaceres diarios, pero lee hasta el final, por favor.

Hoy he ido a comprar al súper tus latas de refresco favorito que devoras como si no hubiera un mañana, un cargamento de patatas fritas (porque todo lo acompañas con patatas fritas) y esas hamburguesas que te encantan y que sólo comes tú, aunque Luis se muera de envidia.
Hoy he hecho tu cama procurando que quede perfecta. Nunca la haces porque sales corriendo muy temprano. He aprovechado para vaporizar colonia en tu almohada. Cuando abras la cama y apoyes la cabeza en ella, te sentirás genial.
Hoy he conectado el ambientador de tu baño por enésima vez. Siempre lo desenchufas para secarte el pelo, pero nunca te acuerdas de volver a encenderlo. Quiero que tu baño huela a flores.
Hoy he ordenado el cajón de tu ropa interior. Siempre buscas las mismas prendas y lo revuelves todo. Cuando vuelvas a buscar te será más fácil encontrar lo que desees.
Hoy he leído un artículo en el periódico sobre creación de nuevas empresas y te lo he enviado por correo electrónico con algún comentario. Creo que te puede ser útil para el trabajo de investigación que te han encargado hacer en el instituto.
Hoy te he preparado, como cada noche, dos emparedados de nocilla para que te los lleves para desayunar mañana. Junto a ellos te he colocado las pastillas de gingseng te que tomas cada mañana. Así no se te olvidarán. El otro día incluso te saqué una del bote y te la dejé allí lista sobre la mesa, junto a un vaso de agua. Tú no la viste y te tomaste otra. Después me preguntaste un poco enfadado que por qué había hecho eso, protestaste diciendo que no era necesario. Yo lo pensé unos segundos y me eché a reír.

– Tienes toda la razón -te dije abrazándote- .¿Sabes, lo que pasa, cariño? Que yo, si hiciera falta, iría poniéndote por la mañana la acera por delante para que caminases…

Acabamos los dos riéndonos juntos. ¡Cuánto te quiero! Tengo que aprender a no mimarte tanto, a dejarte espacio, lo sé. ¡Ya has cumplido 17 años! Pero es que siento que ahora que puedo tengo que hacer todo lo que está en mi mano por ti.  Cuando no esté no tendrás más remedio que hacerlo todo por ti mismo. Ahora te mimo, con ganas y mucho. Perdona. Lo siento. No debería. Lo intento. Te lo prometo.

Ten hijos pronto

Cartas a mi hijo 6

ten hijos prontoNo es una norma válida para todo el mundo. No es un dogma. No es una orden. No es una verdad absoluta. Simplemente es un deseo para ti, querido hijo, porque te conozco y sé que tú entenderás por qué lo digo.

Siempre quisiste tener hermanos, lo pedías con insistencia y a mí me hacía gracias oírte. Pero mi situación no era la ideal. Yo ya tenía cuarenta años y estaba recién divorciada. El cuerpo no me pedía hijos y la cabeza menos. Además, me autoconvencí de que ya había disfrutado la experiencia de ser madre, de que tenía suficiente. Tú no, nunca tuviste suficiente. ¡Querías un hermano! Incluso nos pediste a Luis y a mí que lo adoptásemos cuando te diste cuenta de que con mi edad quizás ya fuese demasiado tarde. Aprovecho para contarte que Luis me dijo hace poco que él no sentía que se hubiera perdido la paternidad porque te tenía a ti, al que sentía y quería como un hijo.

Y ahora así nos vemos, no tienes hermanos y para rematarla, tampoco primos. El otro día me decías que te imaginabas las fiestas señaladas de tu futuro muy despobladas… ¿Recuerdas lo que te dije? Que tendrías tu propia familia con la que celebrarlas, además de la que ya tienes ahora. Tu mujer y tus hijos serán el centro de tu universo. Ponte en ello pronto, disfrútalos y cuídalos mucho, y cuéntales lo loca que estaba tu madre, lo mimosa que era y lo mucho que te quería.

Los hombres no lloran

Cartas a mi hijo 5

IMG_0022Bobo, flojo, nenaza. No llores. ¿De que sirve salvo para que te digan que no eres suficientemente hombre? En las películas los hombres no lloran, en los realities de la televisión sería pecado, y en las reuniones de amigos un suicidio. A mí, que soy mujer, se me perdona, aunque no se aplauda en muchos foros porque se sigue viendo como una falta de control emocional.
Yo siempre odié llorar, en público porque me hacía parecer débil y en privado porque llorar era no solucionar nada, como si callase ante el problema. Sin embargo, las mujeres aprendemos que a veces llorar es una vía necesaria de escape al dolor. Lloras y luego respiras. El problema sigue, pero quizás estés mejor preparada para aceptarlo o luchar. Hijo mío, cuando veas una mujer llorar no la culpes por hacerte sentir culpable de su pena o por no poder socorrerla, simplemente acompáñala y escucha.
Pero los hombres no lloran. Pobres hombres. Hijo, olvida esa estupidez y permítete llorar ante el dolor. Hazlo sin cuestionarte y desde luego sin castigarte. Hazlo desde la sinceridad contigo mismo y nunca pidas perdón por ello.

Déjate querer

Cartas a mi hijo IV

dejate querer.JPGDejarse querer parece fácil, pero a ti te cuesta. No sé muy bien por qué, pero así es. Te encierras en tu concha y cuesta llegar a rozarte, como a tantos adolescentes. Siempre has sido un poco esquivo, introvertido. Desde pequeño aprendiste a separar mundos, a ser discreto y a alejarte de las emociones. Porque las emociones a veces duelen y quizás descubriste que era mejor pasar de puntillas. Te has convertido en un joven introvertido, aparentemente fuerte. Es como si no necesitases a nadie. Pero tú y yo sabemos que no es así. Te conformas con lo que hay, pero en silencio sientes dolor y pena cuando toca.

Algún día ese sentimiento te desbordará, a todos nos toca una o más veces en nuestra vida, y me gustaría saber que entonces te dejarás querer, que abrirás puertas y permitirás que corra el aire. Con el aire llegarán abrazos y besos, llegarán palabras de consuelo, fuerza, llegará el amor de los que te quieren. Además de tus amigos, tu familia te quiere. Y no hay nada más valioso, no me canso de decírtelo. Cuando los necesites estarán ahí, pero tú debes dejarles llegar a ti, que te escuchen, que compartan tus alegrías y penas, tus preocupaciones y esperanzas. Debes compartir tu vida, compartirte tú. Recibirás mucho, pero recuerda que tú deberás dar más. Sé generoso con los que te quieren, mucho. En todos los sentidos y siempre.

Déjate querer, quiérete y quiere. Mi peque, mi dulce, mi amor.

Nota:
4 condiciones básicas para recibir y dar amor:

  • decirlo a menudo, mínimo 2 veces al día
  • devolver con ganas los abrazos y darlos gratuitamente al menos 3 veces al día.
  • besar mucho, pero mucho.
  • tocar mucho, pero más.

Ella

Cartas a mi hijo 3

img_7207Me encantaría conocer a la mujer con la que decidas pasar el resto de tu vida, esa con la que tendrás hijos y, si todo va bien, envejecerás. Me gustaría abrazarla y llamarla hija, hacerle regalos en su cumpleaños y en navidad, llevármela de compras, tomar un café, contarle anécdotas de tu niñez… Aún no le he puesto cara y ya me cae bien, porque es como si ya la conociera. Sé que será bonita, porque tú lo eres. Sé que te mirará como si tú fueses lo más importante de su vida, porque tú necesitarás que así sea. También sé que será cariñosa, porque aunque tú no sueles demostrarlo, yo sé que dentro de ti ruge un auténtico mimosete al que le encanta que le den abrazos y caricias. Con la mujer adecuada, tu disfrutarás entregando mimos.

Pero sé más cosas. Sé que le gustará escucharte y te dará buenos consejos, y tú también se los darás, porque cada día eres más sabio. Ella sonreirá mucho y eso te hará muy feliz, porque aunque hayas tenido una vida un poco complicada, has aprendido el valor de la alegría y la necesitarás para respirar. Estoy convencida de que tu pareja será una mujer fuerte, valiente, incansable, que te ayudará a levantarte cuando decaigas y te animará a luchar por lo que crees justo y por lo que deseas.  Será como una bendición en tu vida, será tu timón y tu puerto.  Y saberlo me hace muy feliz.  Te quiero.

Cuando digas te quiero

Querido hijo:

Hay momentos mágicos que marcarán tu  vida para siempre. Uno de ellos será cuando digas TE QUIERO por primera vez. No un te quiero mucho o un cuánto te quiero, no. Me refiero a un te quiero libre de matices, desnudo y a la vez completo.

Dicen que lo más importante no es lo que puedes comprar con dinero, y créeme cuando te digo que el amor será lo más valioso de tu vida. Cuando seas tan afortunado como para recibir y entregar un te quiero por primera vez, detente en ese instante, graba en tu memoria los pequeños detalles que lo rodeen y podrás revivirlo una y otra vez.

Cuando digas te quiero entregarás una parte de ti a la mujer que ames. Procura que esa parte sea la mejor versión de ti mismo. Junto con el te quiero entrégale alegría, comprensión, amistad y respeto, pero hazlo cuando estés convencido de que ella lo merece. Así pues vende caros tus te quieros y sé sincero. Y a mí, aunque esté muy lejos, mándame un te quiero mucho y recuerda que mi amor siempre va contigo.
P.D. Estoy en Roma, junto a la Fontana de Trevi. Espero que algún día vengas aquí y te acuerdes de mí como yo lo hago ahora. Te adoro.

Cartas a mi hijo: prólogo


messagebottleQuerido hijo:

Inicio hoy una serie de mensajes dirigidos especialmente a ti. Llevo más de un año con este blog y siento que he contado casi todo cuando tocaba. Si continuase por el camino que hasta ahora seguía, comenzaría a recrearme en sentimientos que ya he explicado y que no deseo seguir removiendo. Baste decir que sí, que mantengo la esperanza de permanecer aquí cuanto pueda, pero que el miedo al futuro también me acecha en cada esquina.
Quizás alguien se pregunte por qué elijo esta vía para dirigirme a mi hijo, una vía abierta a todo el mundo, en lugar de buscar un espacio más íntimo, compartido solo por nosotros dos. No hay solo una respuesta. En primer lugar, escojo este lugar porque permanecerá siempre a su alcance, junto con mis anteriores escritos. En segundo lugar, tal vez lo que le cuente sirva a otros, nunca se sabe.
Hijo mío, acabas de cumplir diecisiete años, pero yo te miro y sigo viendo al niño que tenía en brazos y arropaba con mimos. Sigo viendo tu carita traviesa jugando con tu supermán de plástico. Eres casi un hombre y a menudo me sorprendo con alguno de tus razonamientos maduros, pero luego te miro a los ojos y veo a mi pequeño. Supongo que siempre sería así. Pero creces, tan rápido que el niño se me escapa. Un metro ochenta, barba incipiente y unos ojos penetrantes que no se pierden nada. Sé que soy demasiado protectora, que muchas veces sigo tratándote como a un niño, pero es que me gustaría detener el tiempo en este instante, abrazarme a ti, cerrar los ojos y tan solo sentirte. Cada vez que te abrazo es un vano intento de retener tu esencia en mí. Sé que vendes caros tus abrazos, pero déjame darte muchos y largos, muy largos. Quédate conmigo.