Planes

IMG_7907Llevo mal pocas cosas, pero una me fastidia en grado superlativo: no poder hacer planes. Me refiero a medio-largo plazo. Puedo hacer planes para mañana, para la semana que viene o el próximo mes, pero no puedo ir mucho más allá. No cuando tienes pruebas médicas determinantes cada tres meses. Y el problema es que a mí me encanta hacer planes. De hecho, disfruto tanto en la planificación como en la ejecución.

Cuando era una niña de unos diez años, tres meses antes de irnos de vacaciones al pueblo de mis padres y abuelos, yo detallaba en una libreta todos los días y horas que faltaban. Eso me permitía el placer de tachar al mediodía, por la noche y por la mañana la porción de tiempo transcurrido, tiempo que iba restando del día de nuestra partida. Puede parecer una tontería, pero para mí era una gozada. Incluso disfrutaba escribiendo la interminable sucesión de horas para más de 90 días.

Ahora que soy mayorcita (dejémoslo ahí), me gusta planear todos los acontecimientos venideros hasta el último detalle. En un viaje, por ejemplo, me hago listas de todas las actividades que haré cada día, busco restaurantes recomendados, modos de transporte, tiendas… También hago listas con todos los recados y tareas que debo realizar hasta el día de la salida, con la ropa que me llevaré (previamente conjuntada)… Yo soy así. Planeé mi embarazo de principio a fin en una hoja de excel, de modo que mi baja finalizase justo a finales de julio. Después cogería un mes de vacaciones y el uno de septiembre mi bebé iría a la guardería.  Mis amigos se reían, aduciendo que las cosas no eran tan matemáticas, sin embargo, mi hijo fue concebido la semana prevista y acudió a su guardería el mes deseado.

Lo mejor de los planes es que si los haces bien, suelen llevarte a buen puerto, salvo imprevistos, claro. Los buenos planes se basan en la eliminación de la incertidumbre: si ocurre “x”, yo haré “y”, y si ocurre “a”, entonces yo haré “b”. Por supuesto, los imprevistos existen y pueden acabar con el mejor plan. Pero cuando la incertidumbre es inabordable, el plan más optimista acaba en la basura. ¡He cancelado tantos planes en los últimos cuatro años! Ahora procuro no hacerlo, aunque la cabra tira al monte. ¡Hay tantas cosas hermosas, interesantes o divertidas por hacer! Actualmente, mi mejor plan es hacer todo aquello que me resulta gratificante. No perderme ni una. Tempus fugit y la vida es un frenesí, ya lo decía Calderón de la Barca.

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¿Y si fuera una niña?

IMG_6680Imagino que solo tengo seis años. ¿Te recuerdas a ti mismo con esa edad? Estoy en la cama y mi madre viene a despertarme como cada mañana. La luz entra en mi habitación y mamá me abraza.  Imagino ahora que tengo cáncer. Sí, con seis años. Una putada. Debería estar pensando en jugar, en mis amigos, en el cole, en la Navidad, en los juguetes… Y así es, pienso en todo ello, pero también en hospital, en los médicos y enfermeras, en los tratamientos, en las pruebas, en el daño que me hacen, en la tristeza de mis padres, en mi propia tristeza, en el tiempo que no paso jugando… Pienso que no lo entiendo, que no es justo, que quiero una vida como la de mis amigos, igualita. Pienso que soy bueno, que no lo merezco, que es una pesadilla de la que quiero despertar y no puedo.

Cuando me pongo en la piel de un niño enfermo, pienso sobre todo dos cosas:

– primero que deberían dedicarse muchísimos más recursos de tiempo, personas y dinero de los que se destinan a prevenir y tratar esta enfermedad (y otras, por supuesto) sobre todo para que ningún niño tenga que pasar todo esto,

– y segundo que no puedo quejarme, porque yo tengo la gran suerte de estar viviendo una vida larga y buena.

Nota: dedicado a todos (incluso yo misma) los que alguna vez han creído que lo más importante en este mundo eran otras cosas y que se consideraban dispuestos a luchar por ellas como fuese. Cuestión de prioridades. Creo que lo más importante es luchar por una infancia sin enfermedad, dolor, hambre o maltrato.

No me pinches, que ya te escucho

IMG_7152Mi hígado se queja y el caso es que sé por qué. Lo hace dándome pinchazos que me hacen pensar en él y preocuparme. Es inevitable. Pero no se queja sin razón. Veréis, el problema es que me estreso, puede parecer ridículo, pero es así. Estoy jubilada, algo que anhelaba cuando estaba en activo y que nunca imaginé que me llegaría con inconvenientes inesperados. Y como buena jubilada, me he buscado mis tareas: pilates suave tres días a ver si recupero de una vez los músculos abdominales, clase de escritura creativa los lunes, de costura a máquina los miércoles y de salsa los viernes. Sé lo que estáis pensando: pues vaya, menudo estrés tan chorra tiene esta chica, jeje, pero es que no es esto lo que me estresa, al contrario, estas actividades me permiten relajarme a ratos.

El problema es el resto del tiempo. ¡Me estreso por todo! Por los problemas que puedan tener aquellos a los que quiero, por los problemas del mundo (menudo momento…) y por mis propios problemas que, como es fácil imaginar, están ligados a mi enfermedad. Tranquilos, no voy a entrar en detalles, no quiero repasar problemas, no quiero zambullirme de nuevo en lo negativo. Lo que quiero es reconocer que me equivoco. Luis siempre me dice que yo ya tengo suficientes problemas como para preocuparme de los de los demás o de los del mundo, pero es que me cuesta tanto… Iba a a decir que el motivo es que “yo soy así” y ese es mi primer error: asumir que no puedo cambiar porque SOY  tal como soy. Es algo que todos hacemos, creo, ponernos etiquetas, sambenitos… y creer que no podemos actuar bajo patrones distintos, mejores.

El otro día alguien me explicó la diferencia entre la empatía y el contagio emocional: una cosa es dejarte llevar por las emociones de otros, contagiarte de la tristeza o rabia de alguien, y otra cosa es conectar con lo que siente la persona, comprenderle y así poder ayudarle a salir de esa emoción negativa. La empatía funciona como tal si consuela o calma.

Supongo que en primer lugar debería empatizar conmigo misma, escucharme, comprenderme y consolarme. Tengo que escuchar a mi querido hígado. No me pinches, que ya te siento.

Y aquí sigo

Hoy una amiga me dijo que al escuchar esta canción se acordó de mí. Que buena amiga y qué bien me conoce. Sí, me siento a menudo una superviviente, siento que he ido y he vuelto de unas cuantas guerras, que me di por perdida y aquí sigo, que soy mi propio milagro y el que otros que me aman desearon.

Y si puedo, aquí seguiré, viviendo mucho, amando tanto…

Esta semana pasé de nuevo revisión de motor, frenos y amortiguación. Todo perfecto y ya casi no me lo creo. Un beso y un abrazo muy fuerte para Etel, María José, y las monjas Clarisas de Borja, que cada día rezan por mi, porque son todo amor y bondad.

Aferrarse a lo bueno

IMG_7444Hoy conocí a una persona encantadora. De hecho creo que es mucho más, creo que es una gran persona. Nos pusimos a hablar y enseguida conectamos, como si ya nos conociésemos. Me contó su historia, difícil, y yo le conté la mía. Ella había dejado una profesión muy exigente (policía) en la que durante años se había enfrentado a situaciones límite muy duras, ya que se ocupaba de casos de malos tratos. En un momento dado no pudo más, su cuerpo y su mente dijo basta y tuvo que dejarlo. Se formó de nuevo y hoy se dedica a ayudar a los demás psicológicamente con diferentes terapias. Es una luchadora.

Yo también le conté mi historia y no pude evitar empezar a llorar. No me resulta fácil explicar en detalle lo que me ocurre, sobre todo si la conversación pasa a ser profunda, si hablamos de emociones, si me desnudo. Me explico. Puedo explicar a un desconocido de forma aséptica y realista lo que me pasa, puedo hacerlo a veces de forma tan fría que la gente se sorprende. Sin embargo, si lo que tengo que explicar es lo que siento como ser humano, si surge en la conversación el miedo al futuro o la pena de perder lo que más amo, entonces la emoción me puede. Entonces el otro se siente en la necesidad de animarte, “aférrate a lo bueno de tu vida”, me dijo esta persona. Y sí, es un buen consejo. Es algo que procuro desde que caí enferma. Aferrarme a lo bueno de mi vida, y hay mucho bueno. Supongo que me falta tener más esperanza, más confianza en el futuro. Lo intento. De verdad, lo intento. Hay algo que me atrapa aquí, que me encandila, y es el amor que siento.

Céntrate, Pepaaa

img_7020Pepa, hoy te voy a hablar en tercera persona, a ver si te enteras. Estás estresada, preocupada por lo que está sucediendo a tu alrededor. Como si todo ello fuese vital para ti. Pero no lo es, lo vital es tu paz interior. Pepa, concéntrate en estar bien contigo misma y con los que quieres. Concéntrate en respirar y sentir el sol o la lluvia sobre la piel. Céntrate en lo que te hace feliz y concédele una importancia relativa a todo lo demás. La vida tiene fecha de caducidad, así que asegúrate de saborearla al ciento por ciento. ¿Qué es eso de no dormir bien? ¿Cómo puedes estar tan preocupada y triste?  Deshazte del sufrimiento innecesario, porque no es empatía sana, sino una forma de contagio emocional que no te beneficia en nada justo en este momento. En 17 días pruebas médicas, así que ahora procura soñar con los angelitos y descansa. ¡Pepaaaaaa!

Soy yonquí, sí.

comida y personasDe personas y comidas

Está claro que lo que comemos nos hace bien o nos hace mal, según el caso. Yo por ejemplo no puedo tomar alcohol porque mi hígado está inflamado. Tampoco debería abusar del azúcar, ni de la grasa, ni del marisco. Y ya puestos me miro y remiro los prospectos en busca de ingredientes que ahora sé que no son saludables. Pasta, pan y

arroz procuro que sean integrales. Y he descubierto que me encanta la quinoa y las semillas en general. Evito los fritos y el queso, y como más frutos secos y fruta. Es un pequeño gran esfuerzo, pero todo sea por mi cuerpo.

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De igual modo, he apartado las personas negativas de mi vida, creo que me inflaman el hígado, lo juro. Los que siempre te devuelven su propia queja cuando les explicas tu problema me afectan directamente a la garganta. Me dan ganas de gritarles: ¡Sí, ya sé, tú siempre más!

También me estoy mirando mi afección a los tipo Guadiana. Aparecen y desaparecen sin previo aviso, dejándome desconcertada, preguntándome si habré dicho o hecho algo mal, o si simplemente son personas inconstantes que fluctúan como un péndulo desbocado.

Luego están, por supuesto, los que huyeron a tierras lejanas al escuchar la palabra cáncer. Nunca más se supo. De venir a tu boda a desaparecer en un agujero oscuro y no recibir ni un mensajito al año. A veces pienso que, pobres, igual lo de mi enfermedad es algo que les recuerda lo mal que lo pasaron con alguien a quien querían, pero claro, a continuación pienso que lo que es a mí no debían quererme tanto.

También me he quitado de los tristes, son esos que tienen una vida bastante aceptable, pero siempre encuentran un motivo para alimentar su depresión. Un motivo que suele parecerme tan vano, tan pueril… Me dan ganas de decirles: ¡espabila, suertudo, que yo me cambiaba contigo! Este tipo me inflama el cerebelo, directamente.

De igual modo, me he alejado un poco de los simples conocidos. Yo tendía a creer que todo el mundo era amigo mío y procuraba hacer crecer mi nido para ir acogiendo a más y más amigos. Pero un día te das cuenta de que sólo unos pocos están donde los necesitas y esperas, que sólo unos pocos saben darte amor y alegría como si fuese tu medicina idónea, la que te cura.

Un día descubres que hay nuevos amigos que incluso en la distancia y sin conocerte, son capaces de hacerte llegar la vibración amorosa del universo. Suena muy espiritual, pero es que muchos de los que nos enfrentamos a una situación en la que la muerte se convierte de repente en una posibilidad más cercana, nos da por examinar nuestro interior y procurar conectar con la energía del universo, a ver si se nos pega un poco. Todo aquel capaz de entregarte un trocito de amor universal (ese que no espera nada a cambio y resuena en tu alma), es como una medicina buena y rica, como un jarabe sabor a fresa que nos deja flotando en una sonrisa.

Y por supuesto, aquellos que te rodean y te dan su amor a diario, tus amigos, tu familia, se convierten en el suero de vida del que te alimentas a diario. Te enchufas a su amor y procuras que sientan el tuyo con gran fuerza. El resultado es gente sonrosadita, sanota, feliz. Es como un baño público de salud y amor, en el que chapoteamos y salpicamos todo. Sí, me he hecho yonqui del amor. Lo demás, no existe.

Estoy bien, gracias.

IMG_8124Cuando la gente me pregunta que cómo estoy, siempre tengo dudas sobre lo que responder, porque estoy muchas cosas. No puedo decir que estoy curada, porque no lo estoy, solo que de momento estoy bien. Alguno pensará que eso es lo que todos diríamos, que de momento bien y otros me corregirían: estás bien, quita el de momento y no seas negativa. Sí, supongo que a veces puede salirme una cierta vena negativa, pero en realidad yo lo veo como una correcta dosis de realismo. Veréis, todos los médicos que he consultado se han asegurado siempre de dejarme muy claro que la recaída era segura y rápida. Ahora mismo estoy bastante bien, comparado con otros momentos anteriores, las pastillas de tratamiento hormonal parece que están haciendo efecto y no crece un nuevo tumor en el hígado. Las pastillas tienen efectos secundarios molestos: manos débiles y agarrotadas, dolor en los pies y caderas, cansancio… pero aparte de eso, estoy muy bien. Lo importante es que la metástasis me ha dado una tregua.

Cada tres meses paso unas pruebas para ver cómo sigue y quizás eso sea lo más duro, porque entonces el miedo es inevitable. Normalmente consigo apartarlo de mi pensamiento, me concentro en vivir un día tras otro, disfrutando todo cuanto sé y puedo, pero tarde o temprano recuerdo las palabras de mis médicos y un pensamiento negativo crece en mi cabeza, lo suficiente como para estropearme el día. Conforme se aproxima la prueba, entro en pánico. Disimulo ante casi todo el mundo, pero estoy muerta de miedo. Tres meses pasan rápido, así que me siento en un carrusel de emociones y todo se mezcla y confunde. Estoy triste porque amo mucho, río mucho y a ratos lloro, adoro mi vida y la temo, agradezco la suerte de tener el marido y el hijo que tengo, y después me quejo de mi mala suerte, y así, en un cruel juego de contradicciones, se me pasan los días. Me queda un mes para las siguientes pruebas y ya siento como mi humor se transforma a menudo en melancolía. Entonces me gustaría tener a todas las personas que aprecio muy cerca, tocarlas, sentirlas, porque así dejo menos huecos para la tristeza.

Quiéreteme

Cartas a mi hijo
IMG_8101¿Qué ves tú cuando te miras al espejo? Me da la sensación de que ves una imagen de ti   tan ajena a lo que yo veo… Defectos. Eso es lo que ves. Una sucesión de pequeños y grandes defectos. Tu pelo, tu altura, tu postura, tus brazos, tu piel… El espejo te cuenta milongas y tú vas y te las crees. Luego siento tu timidez, la inseguridad que te acecha, como te cierras para protegerte. Siento cómo te torturas a ratos y cómo te liberas cuando algo al fin sale bien. Veo la tristeza de tus ojos ante las cosas injustas que te suceden y también como te giras y caminas en dirección contraria para esquivar su recuerdo…

Yo veo un hombre joven y bellísimo. Esos defectos que tanto te molestan te hacen ser tú: especial y atractivo. Nadie, créeme, nadie, es perfecto. Te recomiendo que los aceptes y los olvides, porque no te hacen ser ni mejor ni peor, sencillamente forman parte de ti y te distinguen del resto. Fíjate en todo lo bueno que tienes y verás que te compensa de largo, porque aunque tú no puedas verlo aún, eres muy afortunado, tanto que me siento feliz y muy orgullosa de ti.

Pero hay algo que realmente me gusta de ti: esa cabecita que tienes le da vueltas a todo y siempre sabe llegar a la conclusión adecuada en las cuestiones importantes. Crecerás mucho como persona en los próximos meses y años, y sé que llegará un día en el que serás más compasivo contigo mismo y también con los que te rodean. Aprenderás a amar sin esperar nada a cambio y a agradecer con el alma todo lo que recibas, tanto si lo has pedido como si no. Y ese, Guille, será el aprendizaje más importante de tu vida, porque en ese momento te darás cuenta de que puedes ser feliz tal como eres y al fin te querrás.

Nota: De verdad, ¡qué diecisiete años tan chulos tienes!

Volver al camino

IMG_8086Me pierdo. Voy por un sendero estrecho, con algunas piedras, a veces empinado y a veces resbaladizo. La lluvia ha dejado charcos que en ocasiones forman pequeños lagos en los que podría hundirme. Pero el camino siempre está más o menos claro. Si sigo por ese camino llegaré a casa. Sin embargo, a menudo me distraigo con menudencias: un árbol a lo lejos que parece cargado de un llamativo fruto, un precipicio al que apetece asomarse, una montaña que oculta un paisaje diferente… Y yo, que soy curiosa por naturaleza, suelo investigar saliendo del camino. Y el caso es que la aventura no es lo mío. Siempre he preferido las situaciones controladas. Durante un tiempo me convencí de que lo estresante era en realidad divertido y los obstáculos una oportunidad, pero ahora resulta que probablemente tanto estrés y tanto obstáculo lo único que consiguieron es que mi cuerpo se volviese contra mí, devorándome. Ahora me como un pecho, luego el hígado, luego te robo las trompas y ovarios, luego te castigo con una buena dosis de bilis extraviada… en fin, una putada a la que, al parecer, yo contribuí en mi sinrazón de abandonarme al estrés, la ira y tensión. No era mi camino.

Porque todos tenemos nuestro camino, nuestro lugar en el mundo dedicado solo a nosotros. En ese espacio estamos a nuestras anchas, cómodos, libres, tranquilos, rodeados de los que amamos, felices o tristes, pero siempre sinceros con nosotros mismos, en paz. Nos perdemos, muchas veces, por deporte, por estupidez, por avaricia. Y el camino se diluye, se aleja, desaparece.

He vuelto a mi camino, a mi espacio de luz y calma. A ver si consigo permanecer aquí tranquila hasta que la felicidad me encuentre por todos los costados y me alumbre.

Un abrazo.