Contenta, casi siempre.

tornado

Se supone que tengo que estar contenta. Y lo estoy. Casi siempre.

Imagina que vives en una región americana en la que la temporada de tornados llega cada año. Tienes pavor a los tornados, porque ya han arrasado unas cuantas veces tu casa, tus tierras…. Incluso provocaron la muerte de unos vecinos a los que apreciabas mucho.

Dentro de poco llegarán de nuevo y tú preparas tu casa como sueles hacerlo. Ahora todo está en calma, el cielo es azul y la hierba se mece suavemente al compás de un viento suave, agradable. Todo está como debe estar. Pero no durará, lo sabes. De modo que la inquietud te ronda conforme avanzan las semanas. Recuerdas situaciones vividas anteriormente y te estremeces. Recuerdas el miedo en el rostro de los que amas y te estremeces. Y luego sonríes, porque ahora todo está bien, te recuerdas. Quizás lleguen los tornados y pasen sin hacer mucho daño. Tal vez la preocupación que ahora te embarga sea en vano. Pero tengo que asegurar mejor las ventanas, te dices, mejor estar bien preparado.

Así me siento, asegurando las ventanas y acumulando provisiones para cuando lleguen los tornados. Aprovecho para disfrutar cuanto puedo, para acumular buenos recuerdos y asegurar sonrisas. Me rodeo de gente que me brinda mucho amor, paz, alegría. Me lleno de todo ello para sentirme bien provista, fuerte ante la adversidad. ¿Contenta?  Sí, casi siempre… Procuro no pensar en ello, pero es inevitable: vendrán los tornados y dan miedo.

El juego de la esperanza y la decepción

Serie Cartas a mi hijo

decepcionLa vida a veces parece un juego. Todo o nada. Blanco o negro. ¿Quién da más? Es como si el destino, nuestro destino, fuese una burla a nuestros sueños, como si nuestros planes estuvieran llamados a incumplirse total o parcialmente. Creemos que llevamos las riendas de nuestra propia vida e incluso que influimos en la de los demás, pero a menudo nos encontramos gestionando la decepción o el fracaso como buenamente podemos.

Ya sabes que mi vida es ahora como una ruleta. Cuando gano, recibo esperanza, un bonus de tiempo. Cuando pierdo, recibo decepción y dolor. Es una ruleta bastante cruel, la verdad, y me da miedo, pero cada tres meses tengo que jugar, no hay otra. Solo puedo procurar poner cara de póker para que no se me vean las cartas, sonreír y esperar lo mejor.

A otro nivel, espero, esto te sucede a ti también. Me refiero a que nuestras vidas son un cara o cruz, más a menudo de lo que pensamos. Estudias mucho, por ejemplo, para un examen, te sientes optimista, pero ese día estás cansado, o nervioso, o te equivocas en algo tonto, o te preguntan algo que no esperabas, en fin, pueden pasar mil cosas. Y ese examen que tan bien preparado llevabas te brinda un resultado decepcionante. Parece injusto, porque habías trabajado mucho, y te sientes abatido, cansado y traicionado por las circunstancias. Incluso puede que te culpes a ti mismo, que caigas en el “debería de haber….”. A veces las decepciones nos dan lecciones de superación, y en otras ocasiones simplemente nos duelen. ¡O ambas cosas! Hay gente que fulmina las decepciones sin problema. Se levantan y vuelven a la carga como si nada hubiese ocurrido. Otros las acumulan, lo que solo sirve para ser en el futuro más cobarde, o “prudente” como dirían otros. “No lo intentaré de nuevo porque cuando lo hago suelo fracasar y duele”, piensan. ¡Es tan fácil caer en la desesperanza!

No lo hagas, cariño. Concédete siempre la oportunidad, la ventaja de ser optimista ante los retos. Permítete luchar siempre con las ganas de la primera vez y la sabiduría de las siguientes. Juega a ganar, a conseguir, a la esperanza. Y cuando pierdas, no desesperes, pega cuatro gritos, desahógate y vuelve a la carga. Vivir no es otra cosa que seguir intentándolo.

Contigo

El sol calienta mi piel, pero si siento que hoy me calienta hasta el alma es porque tú estás junto a mí. Cuando hace frío y me arropas con tu cuerpo, solo podrías ser tú. 

Si la luna me parece hermosa es porque la miramos juntos.

Las cosas dulces lo son más cuando tu boca también las roza.

Hay muchos momentos hermosos, pero todos ellos lo son más cuando los compartimos.

Incluso aunque no estés junto a mí, te siento cerca. Como si mi piel retuviese tu esencia. 

Y así, sé que la vida vale la pena. Siempre. 

El dolor pasa, se olvida, se aleja. El miedo se esconde y la tristeza es pasajera. Porque si tú estás nada malo me llega. Quédate conmigo siempre, amor, quédate y no te pierdas.

Be water, my friend.

angryA estas alturas resulta que soy una indignada, pero no de plaza y pandereta, no, soy una yonqui de la indignación. Me explico, creo que me indignan demasiadas cosas y que no me quito de encima la indignación con la suficiente agilidad. Me indigna sobre todo la vileza: la falta de compasión, respeto o justicia, me enerva.  Está bien, pensaréis, pero no lo está tanto, de verdad. Porque cuando me indigno, se crea un runrún en mi cabeza que no para en días. Le doy vueltas y vueltas, lo desmenuzo, lo troceo, lo pico, lo muelo y hasta que no se deshace en el aire, lo mío me cuesta.

Además, estaría bien si mi indignación se limitase a los grandes problemas del ser humano, pero no, resulta que me indigno también por nimiedades, pequeñas cosas a las que doy demasiada importancia. Éstas se me pasan rápido, pero solo en apariencia. El runrún sigue de nuevo en mi mente, analizando el por qué y el cómo, como si me hiciera falta dejarlo claro y lisito en mi cabeza.

Y no, no es así. Porque la indignación nunca está exenta de ira y rabia, y eso va directo a mi hígado, según me han dicho. Una vez en mi hígado, vete tú a saber qué hace, pero desde luego parece que nada bueno.

Estoy hasta el moño de indignarme tanto. Estoy indignada con mi indignación, y no, no es un trabalenguas, en una puta manía, una estupidez supina, que me entristece. Así que relax, don’t do it, como decía Frankie. Pepa, aprende a pasar de los inconvenientes y a relajarte rápido ante lo que no te gusta. Don’t worry, be happy, como decía Bobby. Estoy en el buen camino, porque lo primero, como siempre, es ser consciente de ello y tener la firme voluntad de mejora.

Un abrazo.

I have a dream

He cumplido un pequeño sueño y ha sido delicioso, único, mágico y emocionante. He conocido en persona a mi grupo musical favorito: Miss Caffeina. Fue en Valladolid, este viernes 21 de abril, una semana después de verlos actuar en Benicassim.

alberto miss caffeina   IMG_7470
He hablado con Alberto Jiménez, su dulce y guapísimo cantante, cuya cadenciosa voz te envuelve cuando habla y te hace volar. También he hablado con Sergio Sastre, el autor de buena parte de las canciones y de “mira cómo vuelo”, el himno que me ha acompañado durante el último año de mi enfermedad. Sergio, atractivo y listo como él solo. Dos rebeldes con encanto. Me sentí tan cerca de ellos, tan a gusto… los sentí míos. Chicos, si necesitáis una amiga en algún momento de vuestra vida, aquí estoy, con un hombro como la pista de un aeropuerto y el corazón en la mano. Menuda llorera me dejé caer, ¿eh?
Hay sueños pequeños y sueños grandes. Los grandes forman parte de nuestro proyecto de vida y requieren esfuerzo, constancia y bastante suerte. Yo he sido muy afortunada porque cumplido la mayoría: encontrar un gran amor, tener un hijo, trabajar en algo que disfrutase, jubilarme pronto (jeje)…
¿Cómo son los sueños pequeños? Visitar un lugar lejano, conocer a un actor o cantante al que adoramos, hacer el amor en un ascensor… A menudo son difíciles de alcanzar. Los pequeños sueños incumplidos se van sumando a lo largo de nuestra vida en una mochila que cargamos a la espalda, esperando un pequeño milagro. A veces metes la mano en la mochila, sacas uno y, por fin, lo cumples. Otros permanecerán en la mochila para siempre, olvidados o superados por las circunstancias. Era muy difícil, cuestión de suerte, nos decimos, era casi imposible, nos recordamos. Y así, esos pequeños sueños incumplidos se nos acumulan indoloros, incoloros, casi trasparentes.
Mi “pequeño” sueño de conocer a Miss Caffeina en persona ha salido con presteza y alegría de mi mochila. Ha pasado solo una semana desde que lo expliqué en mi anterior entrada. Y como a menudo sucede, todo ha sido gracias a un ángel: mi amigo Paco, de Medina del Campo, que leyó la entrada en mi blog en el grupo de la Asociación Española contra el Cáncer. Paco, gracias por hacer que se cumpliese, pero sobre todo GRACIAS por entrar en mi vida. Y un abrazo a Vicky, muchos abrazos.
Aquí estamos los cuatro en Medina del Campo:
Paco, Vicky, Pepa y Luis.
paco y vicky medina del campo  IMG_7473 (1)

 

Mira como vuelo

IMG_7445Verano de 2016. Yo iba en el coche, camino del hospital para ser operada por segunda vez del hígado. Iba escuchando una canción que durante los últimos días se había convertido en una especie de himno para mí. Esa canción hablaba de la superación del miedo, de cómo la vida a veces parece ponernos a prueba y no darnos tregua, y a pesar de ello, volamos. Hay canciones que parecen dedicadas a un momento de nuestras vidas.

Seguí escuchándola durante los siguientes meses. En diciembre, antes de la tercera operación, cuando de nuevo me dirigía hacia el hospital, la busqué y volví a ponerla. Estaba muerta de miedo por mucho que intentase sonreír. No pude evitar emocionarme. Al final os pongo la letra, si la leéis comprenderéis por qué.

Aquel día me dije a mí misma que algún día, lo antes posible, escucharía esa canción en directo. Este jueves pasado al fin pude hacerlo en un festival en Benicassim en el que actuaba Miss Cafeína, sus autores. Fue tan especial… Me sentí hiperfeliz y a un mismo tiempo un poco triste. Todo el mundo saltaba y cantaba porque es una canción muy animada, y yo también lo hacía, pero a la vez las lágrimas resbalaban por mi rostro. Porque aunque la canción habla de las almas que vuelan y no se rinden, el camino es cuesta arriba y cansado. Pero ahí seguimos, ¿no?

Me he marcado el objetivo de conocer al grupo que canta la canción en persona. Sé que sería un momento muy especial para mí. Si alguien se le ocurre cómo conseguirlo, sería fantástico.

Luis y yo en el concierto: 

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Aquí os dejo la letra de la canción y el vídeo en youtube.

Para los cuerpos
que ven desvanecerse el tiempo,
escapándose,
resbalando entre los dedos.
Para las almas
que ahora viajan más ligeros,
que han soltado lastre
y que saben también
hay una voz dentro.
Dice que no,
dice que lo siento.
Dice que no se rinde,
que hagan sus apuestas,
que sigue el juego.
Dice que no hay miedo a venderte mi ilusión,
que no le tengo miedo al miedo.
Sin ese peso, ya no hay gravedad,
sin gravedad, ya no hay anzuelo.
Mira como floto, mira como vuelo.
Mira como avanzo, valiente,
dejándolo todo atrás.
Y parece que
la vida quiere hacer
del paso del tiempo
una guillotina,
una trituradora de sueños.
Y de cada año,
una declaración
de rendición sin condiciones.
Bandera blanca
a su ejército de zombies.
Pero hay una voz, hay una voz
dentro.
Y dice que no,
dice que lo siento.
Dice que no se rinde,
que hagan sus apuestas,
que sigue el juego.
Dice que no hay miedo a venderte mi ilusión,
que no le tengo miedo al miedo.
Sin ese peso ya no hay gravedad,
sin gravedad ya no hay anzuelo.
Mira como floto, mira como vuelo.
Mira como floto, mira como vuelo.
Mira como avanzo, valiente,
dejándolo todo atrás.

 

 

Lo último que quiero, por favor

Hoy no le escribo a mi hijo, me escribo a mí, y al universo. Estoy en un aeropuerto, de vuelta a casa, tras pasar unos días con mi familia en Amsterdam. Hemos disfrutado mucho. Y el caso es que aquí estoy, leyendo la prensa con la noticia de la muerte de una exministra a la edad de 46 años. Al parecer una de las últimas cosas que hizo fue escribir a su hijo un mensaje en instagram. No puedo evitar sentirme identificada, no puedo evitar la pena por su familia, no puedo evitar la pena por mí misma. Un día sucederá, espero que aún me quede tiempo, pero sucederá. Y me gustaría que una de las últimas cosas que haga sea darle un beso a los que quiero. Que no sea un mensaje, que no sea ni siquiera una llamada. Que sea un beso y un abrazo, que haya te quieros, que haya ojos, manos y calor. Y que haya paz, mucha paz, por favor.

Una buena cita

loveCartas a mi hijo 8
Según parece, ya no estoy en la onda. Estoy anticuada, demodé, fuera de contexto. Me lo dejaste claro el otro día: no tengo ni idea de cómo liga un adolescente hoy en día. Recuerdo que te recomendé que si una chica del instituto te gustaba la invitases al cine o a tomar algo, y tú me miraste horrorizado.
-¡Mamá! ¿Pero qué dices? Ahora no se hace eso de ir a una chica e invitarla a saco…
-Bueno, antes podéis ir hablando, claro, en los patios y eso.
-Anda, déjalo. No tienes ni idea de cómo se hace ahora.
-Vale, explícame cómo funciona “ahora”.
-Se le sigue en Instagram, se le dan likes, luego se le ponen comentarios y si contesta, se empieza a hablar. Entonces uno de los dos da su número para abrir un chat en whastapp y ya por ahí se dice lo que toque. Y ya está.
-¿Y ya está?
-Sí. Ya está.
Vale, cariño, ahora tenéis una forma muy práctica de ligar, pero luego, cuando al fin quedes con una chica que te verdad te importe, créeme: más vale que la invites al cine o a tomar algo o incluso a cenar (ya si acaso en la siguiente pagáis a medias). Una buena cita, una que sea memorable, pide eso y risas, muchas risas. Descubre las cosas que le gustan y las que le preocupan, y cuéntale cosas que nadie sabe sobre ti. Ah, y no olvides decirle que te parece preciosa. Te lo juro,vida, esa será una gran cita. Y ese día te vas a acordar de mí.

Del por qué te mimo tanto

Cartas a mi hijo 7

mimarEsto te parecerá una extraña sucesión de pequeños quehaceres diarios, pero lee hasta el final, por favor.

Hoy he ido a comprar al súper tus latas de refresco favorito que devoras como si no hubiera un mañana, un cargamento de patatas fritas (porque todo lo acompañas con patatas fritas) y esas hamburguesas que te encantan y que sólo comes tú, aunque Luis se muera de envidia.
Hoy he hecho tu cama procurando que quede perfecta. Nunca la haces porque sales corriendo muy temprano. He aprovechado para vaporizar colonia en tu almohada. Cuando abras la cama y apoyes la cabeza en ella, te sentirás genial.
Hoy he conectado el ambientador de tu baño por enésima vez. Siempre lo desenchufas para secarte el pelo, pero nunca te acuerdas de volver a encenderlo. Quiero que tu baño huela a flores.
Hoy he ordenado el cajón de tu ropa interior. Siempre buscas las mismas prendas y lo revuelves todo. Cuando vuelvas a buscar te será más fácil encontrar lo que desees.
Hoy he leído un artículo en el periódico sobre creación de nuevas empresas y te lo he enviado por correo electrónico con algún comentario. Creo que te puede ser útil para el trabajo de investigación que te han encargado hacer en el instituto.
Hoy te he preparado, como cada noche, dos emparedados de nocilla para que te los lleves para desayunar mañana. Junto a ellos te he colocado las pastillas de gingseng te que tomas cada mañana. Así no se te olvidarán. El otro día incluso te saqué una del bote y te la dejé allí lista sobre la mesa, junto a un vaso de agua. Tú no la viste y te tomaste otra. Después me preguntaste un poco enfadado que por qué había hecho eso, protestaste diciendo que no era necesario. Yo lo pensé unos segundos y me eché a reír.

– Tienes toda la razón -te dije abrazándote- .¿Sabes, lo que pasa, cariño? Que yo, si hiciera falta, iría poniéndote por la mañana la acera por delante para que caminases…

Acabamos los dos riéndonos juntos. ¡Cuánto te quiero! Tengo que aprender a no mimarte tanto, a dejarte espacio, lo sé. ¡Ya has cumplido 17 años! Pero es que siento que ahora que puedo tengo que hacer todo lo que está en mi mano por ti.  Cuando no esté no tendrás más remedio que hacerlo todo por ti mismo. Ahora te mimo, con ganas y mucho. Perdona. Lo siento. No debería. Lo intento. Te lo prometo.

Ten hijos pronto

Cartas a mi hijo 6

ten hijos prontoNo es una norma válida para todo el mundo. No es un dogma. No es una orden. No es una verdad absoluta. Simplemente es un deseo para ti, querido hijo, porque te conozco y sé que tú entenderás por qué lo digo.

Siempre quisiste tener hermanos, lo pedías con insistencia y a mí me hacía gracias oírte. Pero mi situación no era la ideal. Yo ya tenía cuarenta años y estaba recién divorciada. El cuerpo no me pedía hijos y la cabeza menos. Además, me autoconvencí de que ya había disfrutado la experiencia de ser madre, de que tenía suficiente. Tú no, nunca tuviste suficiente. ¡Querías un hermano! Incluso nos pediste a Luis y a mí que lo adoptásemos cuando te diste cuenta de que con mi edad quizás ya fuese demasiado tarde. Aprovecho para contarte que Luis me dijo hace poco que él no sentía que se hubiera perdido la paternidad porque te tenía a ti, al que sentía y quería como un hijo.

Y ahora así nos vemos, no tienes hermanos y para rematarla, tampoco primos. El otro día me decías que te imaginabas las fiestas señaladas de tu futuro muy despobladas… ¿Recuerdas lo que te dije? Que tendrías tu propia familia con la que celebrarlas, además de la que ya tienes ahora. Tu mujer y tus hijos serán el centro de tu universo. Ponte en ello pronto, disfrútalos y cuídalos mucho, y cuéntales lo loca que estaba tu madre, lo mimosa que era y lo mucho que te quería.