Ella

Cartas a mi hijo 3

img_7207Me encantaría conocer a la mujer con la que decidas pasar el resto de tu vida, esa con la que tendrás hijos y, si todo va bien, envejecerás. Me gustaría abrazarla y llamarla hija, hacerle regalos en su cumpleaños y en navidad, llevármela de compras, tomar un café, contarle anécdotas de tu niñez… Aún no le he puesto cara y ya me cae bien, porque es como si ya la conociera. Sé que será bonita, porque tú lo eres. Sé que te mirará como si tú fueses lo más importante de su vida, porque tú necesitarás que así sea. También sé que será cariñosa, porque aunque tú no sueles demostrarlo, yo sé que dentro de ti ruge un auténtico mimosete al que le encanta que le den abrazos y caricias. Con la mujer adecuada, tu disfrutarás entregando mimos.

Pero sé más cosas. Sé que le gustará escucharte y te dará buenos consejos, y tú también se los darás, porque cada día eres más sabio. Ella sonreirá mucho y eso te hará muy feliz, porque aunque hayas tenido una vida un poco complicada, has aprendido el valor de la alegría y la necesitarás para respirar. Estoy convencida de que tu pareja será una mujer fuerte, valiente, incansable, que te ayudará a levantarte cuando decaigas y te animará a luchar por lo que crees justo y por lo que deseas.  Será como una bendición en tu vida, será tu timón y tu puerto.  Y saberlo me hace muy feliz.  Te quiero.

Cuando digas te quiero

Querido hijo:

Hay momentos mágicos que marcarán tu  vida para siempre. Uno de ellos será cuando digas TE QUIERO por primera vez. No un te quiero mucho o un cuánto te quiero, no. Me refiero a un te quiero libre de matices, desnudo y a la vez completo.

Dicen que lo más importante no es lo que puedes comprar con dinero, y créeme cuando te digo que el amor será lo más valioso de tu vida. Cuando seas tan afortunado como para recibir y entregar un te quiero por primera vez, detente en ese instante, graba en tu memoria los pequeños detalles que lo rodeen y podrás revivirlo una y otra vez.

Cuando digas te quiero entregarás una parte de ti a la mujer que ames. Procura que esa parte sea la mejor versión de ti mismo. Junto con el te quiero entrégale alegría, comprensión, amistad y respeto, pero hazlo cuando estés convencido de que ella lo merece. Así pues vende caros tus te quieros y sé sincero. Y a mí, aunque esté muy lejos, mándame un te quiero mucho y recuerda que mi amor siempre va contigo.
P.D. Estoy en Roma, junto a la Fontana de Trevi. Espero que algún día vengas aquí y te acuerdes de mí como yo lo hago ahora. Te adoro.

Cartas a mi hijo: prólogo


messagebottleQuerido hijo:

Inicio hoy una serie de mensajes dirigidos especialmente a ti. Llevo más de un año con este blog y siento que he contado casi todo cuando tocaba. Si continuase por el camino que hasta ahora seguía, comenzaría a recrearme en sentimientos que ya he explicado y que no deseo seguir removiendo. Baste decir que sí, que mantengo la esperanza de permanecer aquí cuanto pueda, pero que el miedo al futuro también me acecha en cada esquina.
Quizás alguien se pregunte por qué elijo esta vía para dirigirme a mi hijo, una vía abierta a todo el mundo, en lugar de buscar un espacio más íntimo, compartido solo por nosotros dos. No hay solo una respuesta. En primer lugar, escojo este lugar porque permanecerá siempre a su alcance, junto con mis anteriores escritos. En segundo lugar, tal vez lo que le cuente sirva a otros, nunca se sabe.
Hijo mío, acabas de cumplir diecisiete años, pero yo te miro y sigo viendo al niño que tenía en brazos y arropaba con mimos. Sigo viendo tu carita traviesa jugando con tu supermán de plástico. Eres casi un hombre y a menudo me sorprendo con alguno de tus razonamientos maduros, pero luego te miro a los ojos y veo a mi pequeño. Supongo que siempre sería así. Pero creces, tan rápido que el niño se me escapa. Un metro ochenta, barba incipiente y unos ojos penetrantes que no se pierden nada. Sé que soy demasiado protectora, que muchas veces sigo tratándote como a un niño, pero es que me gustaría detener el tiempo en este instante, abrazarme a ti, cerrar los ojos y tan solo sentirte. Cada vez que te abrazo es un vano intento de retener tu esencia en mí. Sé que vendes caros tus abrazos, pero déjame darte muchos y largos, muy largos. Quédate conmigo.

Hazlo ahora

No hay futuro, solo una sucesión de pequeños presentes que se suceden sin tregua, pero cómo nos gusta decir mañana lo haré. Mañana dejo de fumar, mañana empiezo la dieta, mañana… Nos encanta retrasar, programar, incluso los mejores planes, los que más nos apetecen. El viaje de nuestros sueños, aprender a bailar salsa, a tocar la guitarra… y así llenamos la mochila de tareas y sueños postergados, los apilamos y arrinconamos convenientemente, puesto que son el recordatorio perpetuo de nuestra cobardía o de nuestra falta de pasión. Porque vivir es arriesgarse, atreverse, entusiasmarse y no rendirse. A veces cuesta, en ocasiones se hace muy cuesta arriba, pero si no olvidas que la vida sucede aquí y ahora, siempre habrá un motivo para tomar aire y hacer realidad tus metas.

Quiero ser mago

magia.JPGAyer fui a ver un espectáculo de magia. El mago era un hombre joven, muy chispeante y locuaz. En muchos de sus números solicitaba la ayuda de unos de los muchos niños que había en la sala. Los pequeños reaccionaban con asombro y admiración antes los números de cartas y monedas que el mago desarrollaba a menos de un metro de sus narices.

La emoción de un niño ante la magia es contagiosa. Yo también salí de allí impresionada. Se supone que la magia no existe, que en realidad es un cincuenta por ciento de habilidad y otro tanto de distracción, pero cuando la ves tan cerca en algún momento crece en ti la duda y deseas fervientemente que sea verdadera.

Ojalá la magia existiera, ojalá un gran mago pudiera arreglar cualquiera de nuestros problemas. Ojalá todos hiciésemos magia. Magia de la que consigue una sonrisa perfecta. Yo conozco más de un aspirante a mago. Será cuestión de practicar.

Pepirisitas & friends

sonrisasSiempre me ha gustado la gente que tiene una sonrisa a flor de piel. Personas de espíritu joven, inasequibles al desaliento, con ganas de vivir lo que surja, de aprovechar oportunidades o reconvertir penas. Son personas capaces de conectar con tu tristeza o preocupación en un segundo, y que de inmediato se solidarizan y te ayudan a remontar.
A todos nos pasa, los amigos vienen y van, porque las vida los lleva lejos de ellos, porque tú los alejas o ellos deciden hacerlo, pero si repaso mi vida, soy consciente de que mis mejores amigos son, básicamente, gente feliz. La felicidad campa a sus anchas en sus corazones, porque allí encuentran bondad, calma y optimismo. Gente de sonrisas.
Cuando empecé con el blog, una amiga se refirió a él como “pepirisitas”. ¡Cómo nos reímos aquel día! ¿Recuerdas? Sigo haciéndolo al recordarlo. Hay una diferencia sutil entre ambos apelativos. Uno habla de voluntad, del deseo (y necesidad) de sonreír a pesar de todo, aunque cueste a veces. El otro habla de ser, de ese carácter casi infantil que todos llevamos dentro y que no siempre es fácil mantener. No es lo mismo.
Mi gente sonríe con el corazón en la mano, con la mirada franca, con las manos abiertas para iniciar un abrazo. Mi gente es lo que me insufla fuerza. El amor, es lo que tiene.

Antidistracciones

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Existe la llamada teoría de la guerra de distracción. Se trata una guerra internacional que en realidad es una respuesta de un líder político para distraer a la opinión pública sobre los propios problemas internos. Es el resultado de un conflicto interno: mediante esa importante distracción el gobernante mantiene su popularidad alta o incluso puede ganar un proceso de reelección.
Yo libro mi propia guerra de distracción, y en el fondo creo que todos lo hacemos. Aparcamos a un lado los grandes problemas que nos superan y nos concentramos en los detalles del día a día, una suma de pequeñas batallas callejeras o caseras que se convierten en nuestra gran guerra de distracción. Lo hacemos continuamente y casi sin pensar. Evitamos lo que nos duele tanto, el conflicto con un amigo, la pena por un ser querido, la disputa con un hermano o con el vecino, el miedo ante una sospecha de enfermedad, el miedo al futuro… Todo aquello que nos remueve sobremanera y que requiere de un gran valor y esfuerzo para encontrar una buena solución. ¿Coger el toro por los cuernos? Uf, qué agotador solo pensarlo. Somos humanos, no superhéroes.
Y así nos concentramos en nimiedades, o nos distraemos con lo que tenemos más a mano. Por mis circunstancias, de un tiempo a esta parte estoy en fase antidistracción. Intento no dejar cabos sueltos. Me he rendido ante algunos (nunca superaré la manía que le tengo a mi vecino de puerta, no me apetece ni intentarlo), pero en general procuro afrontar mis guerras internas. A veces solo había que perdonar, en otras ocasiones yo debía pedir perdón y en otras tocaba luchar con determinación por lo que considero justo. Y no siempre es fácil, pero la recompensa vale la pena. Un abrazo.

Mi lugar oscuro

espacio

Hay un espacio entre dos de mis costillas en el que si me asomo veo un abismo. Su oscuridad es dolorosa y atrayente a un tiempo.
En ese espacio entre mis costillas puedo encontrar todas las penas acumuladas y convertirlas en lágrimas. Entonces ese lugar se convierte en pozo. Tengo miedo de caer dentro y perderme para siempre.
Ese hueco extraño me resulta ajeno y a la vez tan conocido… su dolor no es el de otro, es todo mío. Como un encuentro entre amigos. Pero si me permito entrar, me pierdo, es demasiado profundo.
Entonces el resto de mí acude a mi rescate. ¿Qué hacías ahí? ¿Por qué te fuiste? El resto de mis costillas protesta y a la vez se ríe. Quédate con nosotras, no te pierdas. Y yo prefiero la risa. Miro de reojo hacia el espacio oscuro y me alejo. No volveré, me repito, pero a veces, solo a veces, entre esas dos costillas escucho el canto de sirenas más triste que pudiera imaginar. Hasta luego.
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Nota: Tras casi un mes, retomo el blog. Muchos sabéis que volvieron a operarme. Ha sido duro pero ha ido bien. Llevo cuatro días en casa, recuperándome poco a poco. En un mes más estaré ya al cien por cien. Me muero por salir y entrar como siempre, por ir a la montaña con mi perra, a tomar algo con mis amigas, al cine, a cenar, viajar… Hay tanto por hacer.

La entrada de hoy muestra mi lado más triste, porque haberlo haylo. De hecho la escribí en el hospital. Pero ya sabéis, prefiero sonreír. Nos vemos cada lunes. Un abrazo y gracias por seguirme. Me hace mucha ilusión y me motiva.

Carpe diem, Navidad

img_7020Muchos esperarían que me pusiese a criticar las compras navideñas, el desaforado gasto, la tonta carrera por acumular obsequios que a menudo nadie ha pedido. Es un consumismo tan pueril cuando hay tanta gente necesitada de lo más básico… Pues vale, ya lo he hecho. Ahí queda mi crítica. Y ahora diré que me encanta la navidad.

Tengo la gran suerte, tenemos, de vivir en ese lado de la sociedad que puede permitirse el lujo de la navidad. Unos más que otros, por supuesto. Algunos comerán pavo y turrón de almendra suprema, otros pollo y nueces. Algunos recibirán macs y playstations, y otros una bufanda y un camión. Y todos pasearemos por calles de adoquines brillantes y portales maquillados. Luces, pongan más luces, que el mundo se acaba. Y seremos felices, porque la navidad tiene ese curioso efecto, que nos arrastra sin querer hacia una espiral de sonrisas.

Pero mañana, el hermano de una de mis mejores amigas probablemente morirá. Una inyección aliviará el sufrimiento de sus últimas horas y rodeado de los suyos, cerrará los ojos para siempre. Sin más dolor, sin más pena. Serán unas navidades extrañas para esa familia. Hasta incluso puede que nunca vuelvan a ser iguales.

En realidad, da igual si nuestros seres queridos nos dejan, antes, durante o después de navidad. Llegados a este punto, si sufriste una pérdida importante, la navidad te trae su recuerdo, lo sienta a tu mesa y te hace compartir con él las sonrisas que toquen. Y no siempre es fácil. Porque en una navidad pasada nos dejamos algo por decir, nos perdimos un abrazo de la forma más tonta, olvidamos expresar cuánto le queríamos, no le tomamos de la mano, no le abrazamos lo suficiente. Y ahora, esta navidad, querríamos poder hacerlo.

De modo que carpe diem, amigos. Esta navidad es el momento. Aquí y ahora. ¿Qué hacemos que no salimos disparados a gritar a los cuatro vientos navideños el amor que sentimos? Besad, amad y disfrutad, ¡que es navidad!

Un pequeño ser

Había una vez un pequeño ser que estaba orgulloso de sí mismo y era feliz. Era tan fuerte y listo como la mayoría de sus congéneres y había conseguido una vida cómoda. Cuando caminaba lo hacía con la cabeza erguida, seguro de cada paso que daba. No puede decirse que no le preocupase el futuro pero solo en la medida de que no sabía si conseguiría todas sus metas.

Al ser tan pequeño, se perdía las miradas de repulsa que otros seres, más grandes y fuertes, le lanzaban. Para ellos era insignificante y lo que le ocurriese no importaba. Podría morir pisoteado en cualquier momento y el pequeño ser apenas percibiría lo ocurrido.

Yo era igual, un ser minúsculo en un universo inmenso. Y sigo siéndolo, solo que ahora soy consciente de mi tamaño e importancia real. Soy importante para mí y para los míos. Soy apenas una esquirla que salta del fuego humano que calienta este planeta.