Carrusel de emociones (ahora entiendo a los de Gran Hermano)

  Antes sus explosiones descontroladas, los “habitantes” de la casa de Gran Hermano suelen aducir que allí las emociones se multiplican, escapando a su control. Tras una semana sin contacto, un joven recibe la llamada de su madre. No surge un gran tema de conversación, pero al minuto, el joven en cuestión está llorando emocionado.

Pues bien, ahora lo entiendo, porque me veo a veces en situaciones parecidas, pasando de la sonrisa al llanto sin ningún esfuerzo. Le llamo el carrusel de emociones. Igual estoy haciendo el payaso, riendo casi sin motivo, porque me apetece de verdad, que se me escapa una lágrima porque me emociona un gesto sencillo: un amigo que te mira con cariño al despedirse, un médico que te sonríe con dulzura y te anima…

A veces un pensamiento triste se pasea por mi mente. Es algo pequeño, fugaz, pero devastador. Y arrasa con todo por un minuto. Sólo un minuto. Luego la sonrisa vuelve, lo ilumina todo y te sientes feliz porque la vida sigue. Y eso es lo mejor de todo.

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