A las duras y a las maduras

penasAlgunos días las dificultades más pequeñas se nos hacen gigantes. ¡Nos preocupamos por tantas cosas! Para cada uno, su problema es ese momento el más importante. Quizás transcurrido un tiempo, desde la distancia, descubramos que en realidad no era tan grave, pero en el momento, es NUESTRO GRAN PROBLEMA. Nuestras reacciones pueden variar, porque cada cual se toma las dificultades que le sobrevienen como buenamente puede, pero a menudo nos preocupamos en exceso.

En esta época de mi vida, suele pasarme que cuando un amigo me explica un problema se siente mal. ¿Cómo pueden ellos reconocer un problema en sus vidas cuando el mío siempre parece mucho mayor, una carga excesivamente pesada para añadir más dolor? Yo siempre les digo lo mismo: cada uno de nosotros tiene derecho a quejarse de sus problemas, grandes o pequeños, y no se pueden comparar con los de los demás. ¿Qué tipo de amiga sería yo entonces? ¿Una que no puede escuchar los problemas de otros? Creo que en gran medida el amor es escuchar y compartir alegrías y penas. A las duras y a las maduras. Ojalá compartamos muchas risas, pero compartamos también las tristezas, que en compañía se encogen.

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