Reírse de tus problemas, por grandes que sean

reírse de tus problemas

El mendigo arrastraba sus zapatos rotos mientras recogía bayas -su único alimento- a la orilla del camino. Algunas las tiraba, porque estaban amargas. Las lágrimas caían por su rostro, compadeciéndose de sí mismo por su mala suerte en la vida. Sin embargo, un quejido lastimero llamó su atención y se giró. Tras él, un hombre descalzo recogía las bayas que él descartaba. Entonces el mendigo dejó de llorar y quejarse.

Si tomamos consciencia de que nuestro dolor no es el más grande, de que otros sufren peores calamidades, mayores azotes en la vida, nos sentimos mezquinos.  ¿Cómo puedo yo protestar al universo por mi enfermedad cuando hay niños con leucemia, por ejemplo? Seres inocentes, con toda la vida por delante, que sufren lo que nunca debería sufrir un niño.

Relativizar mi sufrimiento me hace más fuerte. Es como un bofetón indoloro que te espabila de golpe, “venga mujer, no te quejes que otros están peor que tú y sonríen”. Porque los niños enfermos siguen buscando cualquier excusa para sonreír

Yo quiero ser una niña que persigue momentos de felicidad, lo deseo por encima de todo, y a veces llegan cuando menos te lo esperas. El otro día, fuimos a ver mi hermana Juanamari, convaleciente de una operación desde hace un mes. La visité junto con mi hermana pequeña, Silvia, y una prima, Jose, que tiene una grave enfermedad cerebral. Os invito a ver el breve momento que capturamos en este vídeo. Aún seguimos riéndonos. Un abrazo.

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22 comentarios en “Reírse de tus problemas, por grandes que sean

  1. Me he levantado hoy de “lunes” con el día torcido sin ningún motivo aparente, y me encuentro esto. Qué lección me das amiga querida y que día más hermoso tengo por delante. Te quiero

  2. Sonreír y tener al lado a alguien que nos enseñe que tiene una abrazo, una caricia o un beso para nosotros, para demostrarnos su cariño, nos fortalece. No cura, no sana la enfermedad que tengamos, pero hace nuestro cuerpo más resistente. Y eso es lo que te pasa a ti, a vosotras. Sonríes tanto, tienes tantas muestras de cariño, que cada día eres un poquito más fuerte que el anterior. Por eso te mando un millón de besos mágicos, de esos que curan a los niños, para que puedas sentirte un poquito mejor hoy.

  3. Entrar a verte, Pepa, es recibir una dosis de optimismo. Ríe, sigue riendo porque estoy segura que reír te hace más fuerte.
    Te dejo aquí un montón de sonrisas para cada minuto de lo que queda del día!
    Besetes…

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