Halloween no dura todo el año

img_6889Supongo que la gente no va por el mundo enfadada constantemente, pero seamos honestos: lo parece. Para salir a la calle, la mayor parte de nosotros escoge una careta de rictus serio, frío, y luego se dedica a rellenarlo de contenido.  Y así, si nos encontramos con un desconocido en el ascensor y podemos evitar saludarlo, mejor. Si vemos por la calle a otras personas, evitamos cruzar miradas, y si interactuamos con alguien sentados al volante igual le hacemos una peineta. En general, no somos simpáticos de forma gratuita, porque es un esfuerzo y no hay costumbre. Igual el otro se piensa vete tú a saber qué, si le sonrío. Igual se cree que son tonto, un pamplinas. Porque la gente feliz tiene ese tufillo de simplote que no se entera de lo mal que están las cosas. Los felicianos se fían de cualquiera, y está la cosa para fiarse así porque sí. Los felicianos no ven más allá de sus narices, con lo mal está el mundo. Si no tienes una buena dosis de desconfianza, resquemor y prudencia descarnada, más vale que te vayas a una cueva y vivas sólo, con tu perro y una cabra.

Y el caso es que en realidad no somos así y mucha  gente lo demuestra, tarde o temprano. Mi amiga Edi tiene una coqueta panadería en mi barrio y se dedica cada día sin renuncios a regalar sonrisas y gracias a la vez que vende el pan. Un pan muy bueno, por cierto. Mis mejores amigos y amigas son la gente más afable que conozco. Personas alegres, empáticas, cascabelillos dulces y amables. Y la lista sería larga. En el camino he ido encontrando lo mejor de cada casa.

Pero, sinceramente, creo que en todos nosotros hay una persona deseando sonreír a los demás. Algunos tienen que desaprender, reprogramarse casi. Y estoy convencida de que el cambio empieza por nosotros mismos y nuestra actitud hacia los demás. Dar y recibir. Si entregas una sonrisa, hay más probabilidades de que te la devuelvan. Si eres amable con alguien, hay más números de que éste lo sea contigo.  Pruébalo, cuando entres en algún sitio, sonríe a quien encuentres. E insiste, porque a veces la gente se sorprende y aparta la mirada.

Yo procuro fijarme en cada persona con la que interactúo durante el día. Establezco diálogos, intento mostrarle lo mejor de mí, tiendo puentes. A veces ellos los cruzan, muy a menudo, la verdad. E incluso cuando parece que no va a ser así, puede ocurrir algo que te acabe sorprendiendo. Entonces sientes a la persona que había detrás de la careta, descubres una emoción, conectas. Y eso, amigos, además de no tener precio, nos sana. Y es que Halloween no dura todo el año. Todos podemos entregar a los demás la mejor versión de nosotros mismos. Llámame feliciana, pero seguiré pensando que es así. Hala, a sonreír.

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4 comentarios en “Halloween no dura todo el año

  1. Gracias a ti,por tu enseñanza de vida. Mientras pueda,seguiré sonriendo,y ahora con mas razon;porque te tengo en mi vida. Te quiero!!!

  2. Sí, da gusto de estar a vuestro lado. Siempre felices, siempre sonriendo y siempre de buen humor. Y yo tuve la suerte de desayunar en esa pastelería junto a vosotras 2. Y me apunto a sonreír. Para algo q es gratis…. 😂😂😂😂
    😘😘😘😘😘

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