Camino gitano

cicatrizTengo en mi cuerpo un camino
que me recuerda cada día
lo que importa y lo que amo.
Es mi camino gitano.

Es un río tuerto, curvo, ciego,
seco, oscuro, feo.
Pero cuando me asomo,
veo el reflejo del pasado
y la promesa de un futuro.

El camino que me recorre es duro,
porque empieza y acaba cuesta arriba.

Si lo miro con miedo,
me equivoco.
Si lo miro con amor,
lo agradezco.

Hay grandeza en mi camino,
tanta esperanza como dolor,
y tanta victoria como duelo.

Es la cicatriz del alma
que ruge hasta rasgar mi piel.
Mi cicatriz gitana.

P.D.: A nadie le gusta una cicatriz así en su cuerpo, pero cada vez que la miro siento el mayor de los agradecimientos hacia mis médicos y la admiración hacia mi familia por lo que ha tenido que soportar y sobre todo hacia mi propio cuerpo, por lo fuerte que ha sido. Pedazo cuerpazo. Tres veces han abierto por ese mismo camino para sanar. Gracias, gracias, gracias.

Mostrar mi cicatriz es algo que nunca suelo hacer, ni en la playa, pero tras reflexionar sobre ello creo que si los que tenemos cicatrices así lo hiciéramos más, otros perderían el miedo a hacerlo, porque en el fondo debemos estar orgullosos de nuestras heridas de batalla, nuestros caminitos gitanos. Orgullosos de la victoria.

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