Lo que no digo

image1     Sostiene el teléfono como si fuese una piedra. Cuando por fin cuelga, lo mira como si desease lanzarlo contra la pared. O a tragárselo y vomitarlo luego. Lo deja sobre la mesa, despacio, y sus ojos, casi cerrados, siguen observando la pantalla.
La primera lágrima rebosa y cae a la mesa de madera. La segunda lágrima tarda en aparecer, pero enseguida ésta llama a la tercera.
-¿Qué pasa, María?
Niega con la cabeza y sigue lloriqueando. Porque ahora las lágrimas parecen estar a punto de secarse, pero lanza pequeños suspiros de queja. En la mesa varias gotas se han unido. Me temo que el agua salada cambiará de color la madera.
-¿Pero qué te pasa? Dímelo, cariño. Me estás asustando.
Le cojo la mano, la que no se detiene en su cara, y la aprieto un poco.
-¿Es Miguel? ¿Tu familia? ¿Pasa algo grave?
Levanta la cabeza, como si fuese a mirarme, pero apenas lo hace un segundo.
-Es una tontería. No te preocupes. Suficiente tienes tú con lo tuyo. Lo mío no…–¿Tú también me vas a venir con esas, María? No es justo. A cada uno le duele lo que le duele, y tus problemas me importan. ¿O entonces ya nadie debería contarme nunca ya sus problemas?
-Si es que de verdad que es una tontería.
-No lo será tanto para ti. Mira cómo estás.
María suspira y al fin levanta me mira.
-Pues sí, es Miguel, al final se va dos meses a Senegal, a ayudar a los negritos -respira hondo, analiza mi cara de disgusto -. ¿Lo ves? Te parece una estupidez, seguro. Pero es que me hacía ilusión que se viniese conmigo este verano al pueblo y presentarle a mi abuela y a mis primos. Y él… él prefiere irse dos meses con los negritos.
Cojo varias servilletas y las coloco encima del rastro de sus lágrimas en la mesa. Como esperaba, se ha quedado manchada.
-Tú me entiendes, ¿verdad?
Es por la sal, me digo, la sal es la que ha estropeado la madera, así que vierto un poco de agua de mi vaso sobre el rastro húmedo.
Saco unas monedas y las empujo hacia María. Quizás debería decir algo, pero no puedo. Me ajusto el pañuelo que me cubre la cabeza calva y salgo de allí.
-Adiós, María.

P.D.: El objetivo de este cuento es doble, por un lado se trata de sentir diferentes sentimientos hacia los personajes conforme avanza el relato. El segundo objetivo es dar al lector la posibilidad de sentir e interpretar por sí mismo. ¿Por qué la chica del pañuelo se va, qué piensa exactamente?Como algunos lectores se quedan dudosos, aclaró. Si: uno de los motivos de disgusto para la chica del pañuelo es que la otra hable de “negritos”. Es una pena, pero sigue habiendo gente así.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s