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Las metas y sueños que dibujan mi historia

webcam-toy-foto15Las mejores historias son las que nos hablan de sueños. Voy a contaros mi historia. Una buena historia. 
Cuando era una jovencita de catorce años, recuerdo que lo único que me hacía ilusión en la vida, ilusión de verdad, eran 2 cosas: llegar a ser escritora y encontrar un novio guapo, listo y bueno.
Lo de escribir lo llevaba en los genes. Mi abuelo se sentaba cada día y escribía una cuartilla en la que comentaba la actualidad. Era un gran analista político y social, con una pluma divertida y certera, aunque nunca llegó a publicar. Cuando murió recopilamos todos sus escritos en un libro precioso. Le hubiera encantado.
Yo escribía con facilidad y gran placer. Poesía, cuentos, ensayos, lo que se me pusiera por delante. Quería estudiar periodismo, ser columnista de un periódico y escribir un libro (o varios). Ese era mi objetivo. Al final estudié Filología, hice Comunicación en Esade y me pasé la vida preparando notas de prensa, redactando en blogs, produciendo vídeos y orquestando eventos. Me quedé muy cerca de mi meta, porque escribir era buena parte mi trabajo. Mientras, seguí con la poesía e inicié muchas novelas, pero me faltó acabarlas. No eres un novelista si no acabas tus novelas. Ahora que tengo más tiempo, no descarto conseguirlo.

IMG_4149En cuanto al tema novios, comencé mal, muy mal. En el colegio y en el instituto, todos los chicos de los que me enamoraba pasaban de mí. Algunos episodios fueron realmente patéticos. Básicamente, yo era una empollona larguiducha y flacucha. Pero a los 17 años algo cambio, de repente me salían novios y yo, que en realidad era inexperta, lo manejé muy mal. El caso es que me casé joven y sin criterio. Porque el amor a veces no lo es todo, hay que encajar con el otro. A menudo las personas se empeñan en estar juntas aunque no se hagan realmente felices. Y así, yo fui mediocremente feliz o bastante infeliz, según cómo se mire, duramente mucho tiempo, hasta que me divorcié. A los 38 años conocí a otro hombre. Desde fuera parecía que teníamos muy poco en común y de hecho, ni nuestros amigos ni nuestra familia nos animó a continuar, más bien al contrario. Pero, ¿sabéis una cosa? Las almas gemelas existen. Y Luis y yo somos almas gemelas. Nos casamos y hace 12 años que estamos juntos. No pasa ni un solo día en que nos abracemos y nos digamos los felices que somos por estar juntos. No pasa ni un solo día en que no le agradezca al universo que él se cruzase en mi camino. Sueño cumplido, al cien por cien. Él ha sido el principal motivo de mi felicidad durante todos estos años y, a la vez, el foco de mi tristeza cuando me puse enferma. Pensar en dejarle me hacía sentir tan desesperadamente triste… Y sigue siendo así. Creo que siempre será así. Sé que si no estás, no sientes, pero mientras estoy, imaginar que no estaré con él, imaginarle solo, me rompe. Quiero más, mucho más tiempo, y lo quiero para vivirlo junto a él y hacernos felices. Tiempo. No hay nada más valioso. Precioso tiempo.

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Planes

IMG_7907Llevo mal pocas cosas, pero una me fastidia en grado superlativo: no poder hacer planes. Me refiero a medio-largo plazo. Puedo hacer planes para mañana, para la semana que viene o el próximo mes, pero no puedo ir mucho más allá. No cuando tienes pruebas médicas determinantes cada tres meses. Y el problema es que a mí me encanta hacer planes. De hecho, disfruto tanto en la planificación como en la ejecución.

Cuando era una niña de unos diez años, tres meses antes de irnos de vacaciones al pueblo de mis padres y abuelos, yo detallaba en una libreta todos los días y horas que faltaban. Eso me permitía el placer de tachar al mediodía, por la noche y por la mañana la porción de tiempo transcurrido, tiempo que iba restando del día de nuestra partida. Puede parecer una tontería, pero para mí era una gozada. Incluso disfrutaba escribiendo la interminable sucesión de horas para más de 90 días.

Ahora que soy mayorcita (dejémoslo ahí), me gusta planear todos los acontecimientos venideros hasta el último detalle. En un viaje, por ejemplo, me hago listas de todas las actividades que haré cada día, busco restaurantes recomendados, modos de transporte, tiendas… También hago listas con todos los recados y tareas que debo realizar hasta el día de la salida, con la ropa que me llevaré (previamente conjuntada)… Yo soy así. Planeé mi embarazo de principio a fin en una hoja de excel, de modo que mi baja finalizase justo a finales de julio. Después cogería un mes de vacaciones y el uno de septiembre mi bebé iría a la guardería.  Mis amigos se reían, aduciendo que las cosas no eran tan matemáticas, sin embargo, mi hijo fue concebido la semana prevista y acudió a su guardería el mes deseado.

Lo mejor de los planes es que si los haces bien, suelen llevarte a buen puerto, salvo imprevistos, claro. Los buenos planes se basan en la eliminación de la incertidumbre: si ocurre “x”, yo haré “y”, y si ocurre “a”, entonces yo haré “b”. Por supuesto, los imprevistos existen y pueden acabar con el mejor plan. Pero cuando la incertidumbre es inabordable, el plan más optimista acaba en la basura. ¡He cancelado tantos planes en los últimos cuatro años! Ahora procuro no hacerlo, aunque la cabra tira al monte. ¡Hay tantas cosas hermosas, interesantes o divertidas por hacer! Actualmente, mi mejor plan es hacer todo aquello que me resulta gratificante. No perderme ni una. Tempus fugit y la vida es un frenesí, ya lo decía Calderón de la Barca.

No me pinches, que ya te escucho

IMG_7152Mi hígado se queja y el caso es que sé por qué. Lo hace dándome pinchazos que me hacen pensar en él y preocuparme. Es inevitable. Pero no se queja sin razón. Veréis, el problema es que me estreso, puede parecer ridículo, pero es así. Estoy jubilada, algo que anhelaba cuando estaba en activo y que nunca imaginé que me llegaría con inconvenientes inesperados. Y como buena jubilada, me he buscado mis tareas: pilates suave tres días a ver si recupero de una vez los músculos abdominales, clase de escritura creativa los lunes, de costura a máquina los miércoles y de salsa los viernes. Sé lo que estáis pensando: pues vaya, menudo estrés tan chorra tiene esta chica, jeje, pero es que no es esto lo que me estresa, al contrario, estas actividades me permiten relajarme a ratos.

El problema es el resto del tiempo. ¡Me estreso por todo! Por los problemas que puedan tener aquellos a los que quiero, por los problemas del mundo (menudo momento…) y por mis propios problemas que, como es fácil imaginar, están ligados a mi enfermedad. Tranquilos, no voy a entrar en detalles, no quiero repasar problemas, no quiero zambullirme de nuevo en lo negativo. Lo que quiero es reconocer que me equivoco. Luis siempre me dice que yo ya tengo suficientes problemas como para preocuparme de los de los demás o de los del mundo, pero es que me cuesta tanto… Iba a a decir que el motivo es que “yo soy así” y ese es mi primer error: asumir que no puedo cambiar porque SOY  tal como soy. Es algo que todos hacemos, creo, ponernos etiquetas, sambenitos… y creer que no podemos actuar bajo patrones distintos, mejores.

El otro día alguien me explicó la diferencia entre la empatía y el contagio emocional: una cosa es dejarte llevar por las emociones de otros, contagiarte de la tristeza o rabia de alguien, y otra cosa es conectar con lo que siente la persona, comprenderle y así poder ayudarle a salir de esa emoción negativa. La empatía funciona como tal si consuela o calma.

Supongo que en primer lugar debería empatizar conmigo misma, escucharme, comprenderme y consolarme. Tengo que escuchar a mi querido hígado. No me pinches, que ya te siento.

Céntrate, Pepaaa

img_7020Pepa, hoy te voy a hablar en tercera persona, a ver si te enteras. Estás estresada, preocupada por lo que está sucediendo a tu alrededor. Como si todo ello fuese vital para ti. Pero no lo es, lo vital es tu paz interior. Pepa, concéntrate en estar bien contigo misma y con los que quieres. Concéntrate en respirar y sentir el sol o la lluvia sobre la piel. Céntrate en lo que te hace feliz y concédele una importancia relativa a todo lo demás. La vida tiene fecha de caducidad, así que asegúrate de saborearla al ciento por ciento. ¿Qué es eso de no dormir bien? ¿Cómo puedes estar tan preocupada y triste?  Deshazte del sufrimiento innecesario, porque no es empatía sana, sino una forma de contagio emocional que no te beneficia en nada justo en este momento. En 17 días pruebas médicas, así que ahora procura soñar con los angelitos y descansa. ¡Pepaaaaaa!

Estoy bien, gracias.

IMG_8124Cuando la gente me pregunta que cómo estoy, siempre tengo dudas sobre lo que responder, porque estoy muchas cosas. No puedo decir que estoy curada, porque no lo estoy, solo que de momento estoy bien. Alguno pensará que eso es lo que todos diríamos, que de momento bien y otros me corregirían: estás bien, quita el de momento y no seas negativa. Sí, supongo que a veces puede salirme una cierta vena negativa, pero en realidad yo lo veo como una correcta dosis de realismo. Veréis, todos los médicos que he consultado se han asegurado siempre de dejarme muy claro que la recaída era segura y rápida. Ahora mismo estoy bastante bien, comparado con otros momentos anteriores, las pastillas de tratamiento hormonal parece que están haciendo efecto y no crece un nuevo tumor en el hígado. Las pastillas tienen efectos secundarios molestos: manos débiles y agarrotadas, dolor en los pies y caderas, cansancio… pero aparte de eso, estoy muy bien. Lo importante es que la metástasis me ha dado una tregua.

Cada tres meses paso unas pruebas para ver cómo sigue y quizás eso sea lo más duro, porque entonces el miedo es inevitable. Normalmente consigo apartarlo de mi pensamiento, me concentro en vivir un día tras otro, disfrutando todo cuanto sé y puedo, pero tarde o temprano recuerdo las palabras de mis médicos y un pensamiento negativo crece en mi cabeza, lo suficiente como para estropearme el día. Conforme se aproxima la prueba, entro en pánico. Disimulo ante casi todo el mundo, pero estoy muerta de miedo. Tres meses pasan rápido, así que me siento en un carrusel de emociones y todo se mezcla y confunde. Estoy triste porque amo mucho, río mucho y a ratos lloro, adoro mi vida y la temo, agradezco la suerte de tener el marido y el hijo que tengo, y después me quejo de mi mala suerte, y así, en un cruel juego de contradicciones, se me pasan los días. Me queda un mes para las siguientes pruebas y ya siento como mi humor se transforma a menudo en melancolía. Entonces me gustaría tener a todas las personas que aprecio muy cerca, tocarlas, sentirlas, porque así dejo menos huecos para la tristeza.

Volver al camino

IMG_8086Me pierdo. Voy por un sendero estrecho, con algunas piedras, a veces empinado y a veces resbaladizo. La lluvia ha dejado charcos que en ocasiones forman pequeños lagos en los que podría hundirme. Pero el camino siempre está más o menos claro. Si sigo por ese camino llegaré a casa. Sin embargo, a menudo me distraigo con menudencias: un árbol a lo lejos que parece cargado de un llamativo fruto, un precipicio al que apetece asomarse, una montaña que oculta un paisaje diferente… Y yo, que soy curiosa por naturaleza, suelo investigar saliendo del camino. Y el caso es que la aventura no es lo mío. Siempre he preferido las situaciones controladas. Durante un tiempo me convencí de que lo estresante era en realidad divertido y los obstáculos una oportunidad, pero ahora resulta que probablemente tanto estrés y tanto obstáculo lo único que consiguieron es que mi cuerpo se volviese contra mí, devorándome. Ahora me como un pecho, luego el hígado, luego te robo las trompas y ovarios, luego te castigo con una buena dosis de bilis extraviada… en fin, una putada a la que, al parecer, yo contribuí en mi sinrazón de abandonarme al estrés, la ira y tensión. No era mi camino.

Porque todos tenemos nuestro camino, nuestro lugar en el mundo dedicado solo a nosotros. En ese espacio estamos a nuestras anchas, cómodos, libres, tranquilos, rodeados de los que amamos, felices o tristes, pero siempre sinceros con nosotros mismos, en paz. Nos perdemos, muchas veces, por deporte, por estupidez, por avaricia. Y el camino se diluye, se aleja, desaparece.

He vuelto a mi camino, a mi espacio de luz y calma. A ver si consigo permanecer aquí tranquila hasta que la felicidad me encuentre por todos los costados y me alumbre.

Un abrazo.

Tal como soy

IMG_8074A menudo escucho un mantra que repite que “hoy me acepto y me amo tal como soy”. Es fácil decirlo, pero no tanto sentirlo de verdad. Creo que no me quiero lo que debería, porque en realidad me siento demasiado imperfecta para ello. Conozco bien mis defectos y no me gustan. He convivido conmigo misma durante demasiados años para, a estas alturas, mirar hacia otro lado y cuando me miro de frente, no me gusta todo lo que veo.
Si echo la vista atrás, entonces veo todos los errores que cometí. A menudo conscientemente, no fue un accidente. Y me doy cuenta de las muchas veces que culpé a los demás por las decisiones que me vi “obligada” a tomar.
Sin embargo, una cosa es cierta: nunca actué por maldad. No lo permití. Erré, pero por otros motivos: cobardía, envidia, rencor, ira…
Me he pasado la vida exculpándome, y ahora, al escuchar ese mantra, me pregunto si de verdad seré capaz de amarme tal y como soy. La enfermedad me ha llevado a revisar a fondo mi existencia. Así, he procurado perdonar a aquellos a los que guardaba rencor, porque el odio solo me hacía sentirme más triste.
Y ahora quedo yo. Aquí estoy, reconociéndome en el espejo. Mira, esa soy yo, intentando ser mejor para merecer el perdón del universo. Y no es que crea que eso puede curarme, no, es que quiero vivir este momento, este día, este mes, este año… cuanto tenga, aferrada a lo bueno que hay en mí. Solo entonces me siento más valiente, más fuerte y, sobre todo, más digna de ser feliz, tal como soy.

Del amor y del odio.

IMG_8058La sorpresa te deja sin saber qué decir. Sientes rabia, pero una rabia sorda, de la que te deja mudo. No conoces a nadie que haya muerto -no te toca tan de cerca-, pero esa noche, no duermes bien. Los siguientes días sientes tristeza y más rabia. Casi prefieres no pensar en ello, pero una y otra vez el recuerdo vuelve, porque todo cuanto te rodea parece estar ahí para que no olvides. Nos vamos unos días fuera, a Madrid, lejos de tanto dolor y de conversaciones recurrentes, porque, sin querer, queremos hablar de ello una y otra vez.
Junto al hotel en el que nos alojamos está El Horno de San Onofre, una de las mejores pastelerías de la ciudad. Desde la calle en el cristal puede leerse “Todos somos Barcelona”, junto al símbolo de la paz. Todos los días desayunamos allí.

-¿Quieres probar la pasta favorita de Florentino Díaz? -me dice el que parece el dueño señalándome una rosquilla bañada en crema con una pinta buenísima.
-Pues, sí, muchas gracias.
Lo cierto es que está riquísima.
-Póngame una cajita para llevar, que me vuelvo a Barcelona. Por cierto, me ha gustado mucho el mensaje que tiene fuera.
Él asiente despacio y su rostro se entristece.
-Lo hemos sentido mucho -dice señalándose el brazo, para mostrarme que se le ha erizado el vello -. Me emociona…
-Ya, ha sido muy triste…
Y entonces, después de cinco días del atentado, no puedo evitar llorar al ver a aquel hombre emocionarse. No conoce a nadie que haya muerto -no le toca tan de cerca-, pero su tristeza me roza y, por un instante, me siento tan cerca de ese desconocido que me gustaría abrazarle. Me contengo, la pastelería está llena y el momento pasa.

En Cambrils murió una mujer apuñalada. Según explicó en la televisión alguien que la conocía, estaba luchando contra la enfermedad desde hace tiempo. Es lo que suele decirse de los enfermos de cáncer. Paradójicamente, éste no acabó con ella, sino el odio de un desconocido.


¿Vives en una celda 2×1,5?

IMG_8015Alcatraz tiene malas vistas, desde las celdas apenas alcanza para ver un trozo del patio, un pedregal inhóspito, gris y azotado por un viento frío que no llega a arrastrar ni una sola gota del agua que rodea la isla. Me asomé a los ventanucos de varias celdas hace unos años y la sensación de desamparo y aislamiento era brutal. En aquellas celdas que apenas permitían estirar los brazos a lo ancho o caminar más de dos pasos a lo largo, la vida se volvía estrecha de miras, apretada, agobiante. Nada que hacer, salvo trabajar en cuanto que te ordenasen y comer lo que te pusiesen en el plato. Las normas eran muy estrictas y todos los reclusos debían aprenderlas de memoria gracias a un pequeño librito que te entregaban al ingresar en la prisión. Las 53 reglas y normas de Alcatraz.

Pero bueno, ¿quién no tiene normas? Nuestra sociedad funciona desde que hay reglas. Sin embargo, muchos de nosotros vivimos sin saberlo en un celda de 2×1,5. Es un espacio personal en el que nos sentimos megacómodos. Está enmarcado por líneas divisorias imaginarias que nos ayudan a separarnos de todo aquello que nos resulta extraño, diferente o peligroso. Y así, nos mezclamos con nuestros iguales y miramos con recelo a los demás. Repetimos una y otra vez comportamientos y criticamos los que no se parecen a los nuestros. Defendemos rojo o azul. Que se mueran los rojos. O los azules. Y derramamos en nuestros hijos nuestra percepción del mundo, de modo que éstos la perpetúen. Y ya está. Qué bien se está en mi celda. Qué cómoda y segura es. Qué limpita la tengo. No tengo buenas vistas, no veo lo que sucede más allá de mis narices, pero no importa, porque he decidido que no lo necesito, que lo que haya no me interesa en exceso, que podría ser peligroso aventurarse a descubrirlo.

La vida me ha dado un bofetón y he encontrado una llave. La voy a usar en mi celda. Bingo, funciona. Salgo y camino fuera. Resulta que hay otros que también han salido. Nos reunimos en el patio. Hace sol, no se está nada mal. No conozco a nadie, son diferentes, pero interesantes. Hablamos y cada uno parece conocer una parte del mundo, posee una historia que contar y conoce secretos diferentes a los míos. Yo conozco unos cuantos. Respiro y el aire que entra en mis pulmones es el mismo que respiran los demás. Si nos quedamos aquí un rato, todos nos tostaremos con este maravilloso sol que me calienta y nuestras pieles se igualarán. También creo que si charlamos lo suficiente llegaremos a conocernos bien, incluso a echarnos de menos. Creo que estamos preparados para coger un barco y abandonar la isla. Creo que hay mucho por descubrir y aún más por vivir. Aquí comienza la aventura, ¿quién se apunta?


Nota: A veces la vida tiene que darte un buen guantazo para que te decidas a salir de tu celda. El mío aún me duele, pero quizás haya valido la pena. 

Bordes no, gracias

warLlegamos a nuestros asientos en el cine. Somos tres pero una de nuestras butacas está ya ocupada por un niño.
-Disculpe, tenemos este asiento también -le indico a un hombre de unos cuarenta años que parece el padre.
-No creo -responde. Y ahí lo deja. No hace amago ni de comprobar sus entradas. Es más, aparta la mirada y se concentra en su móvil.
Este tío es un borde, pienso, pero me lo callo. Releo y releo nuestros tickets. Insisto, tenemos esos asientos, pero el hombre me ignora, como si yo fuese un insecto molesto. Una mujer en la fila contigua, supongo que la pareja del borde, interviene al fin:
-Nosotros tenemos esos asientos, uno en esta fila y dos en esa -asegura mirando los tickets.
-¿Podría revisar las filas, por favor?
La mujer vuelve a mirar los tickets y finalmente…
-Es verdad, en esa fila solo tenemos un sitio, confundimos las filas.
No media ninguna disculpa. El hombre sigue impasible, mirando a la pantalla. Y nosotros por fin tomamos asiento.

Cuando una de tus máximas en la vida es procurar ser amable con todo el mundo, a veces te llevas la sorpresa de que algunas personas no invierten ni un segundo de las suyas en ser amables con los demás. Esto puede parecer deprimente, pero es así. Sin embargo, este blog se llama PepaSonríe por un motivo muy importante: para recordarme que el cáncer no va a amargarme la vida, de modo que mucho menos debería hacerlo una chorrada como la que explicaba del cine. Lo cierto es que pensé: sí, este tío es un borde, pero él es el que más lo sufre, así que olvídalo.
La gente borde -que haberla hayla aunque los considero una ruidosa minoría, la verdad- es incapaz de ser cien por cien feliz y resultan tóxicos por contacto. Un borde contamina, destruye, ensucia. Un borde será el impulsor de una majadería, de una disputa, de una guerra. Todas las guerras fueron obra y gracia de un borde, sin excepción. Aléjate de los bordes porque su mal se contagia.
Debería haber escuelas para bordes, lugares en los que desaprendieran malos hábitos, donde practicaran sonrisas y comprendieran lo que es reírse de uno mismo y reírse con los demás. ¿A que sería guay? Pues eso, petición a los reyes magos ya.