Archivo de la categoría: emociones

Un futuro por escribir

IMG_7151Futuro. Esa es la palabra que necesito reincorporar a mi vocabulario. Tengo que aceptar que sí puedo tener un futuro a medio plazo. Llevo años instalada en el hoy, el mañana y el mes que viene. Ahí terminaban mis planes. Lo aprendí a base de golpes: cada vez que hacía planes más allá de ese término, acababan destrozados por los médicos. Y el caso es que a mí me encanta hacer planes. Podría decirse que soy una planificadora nata. Un ejemplo: cuando tuve a mi hijo, hace dieciocho añitos ya, primero preparé una hoja de cálculo en la que detallé mi plan para embarazarme a diez meses vista. Marqué los días en los que iba a ser más fértil, el día en el que me haría la prueba de embarazo, el día en el que iría al ginecólogo a confirmarlo, la fecha probable de parto y hasta cuándo estaría de baja de forma que me cuadrase a continuación con el mes de vacaciones estivales. Lo sé, ahora mismo estáis dudando de que mi hoja cuadrase con la realidad, pero resultó tal y como lo había planeado.

El secreto de un buen plan es la preparación, el análisis de supuestos, la previsión. En mi trabajo buena parte de mi responsabilidad pasaba por prevenir problemas, preparar eventos, planear escenarios. Me encanta y es algo que aplico a todas las facetas de mi vida. Por ejemplo, imaginemos que tengo que irme de vacaciones una semana. Bastantes días antes preparo varias listas: objetos que no debo olvidar, cosas que debo comprar, detalle de las prendas de vestir que me llevaré.

Y ahora imaginad lo incómodo que me ha resultado no poder planear casi nada en mi vida durante los últimos cinco años. Durante el 2017, comencé a hacer planes a tres meses vista, porque las pruebas médicas de seguimiento eran trimestrales. En 2018 seguirán siéndolo, pero creo que ha llegado el momento de confiar en mi futuro. Por supuesto, cabe la posibilidad de que todo se tuerza, no me engaño, pero voy a empezar a vivir con fe en mi cuerpo. Tengo tantas ganas de afrontar aventuras, viajar, aprender, atreverme. Mi futuro, como el de todos, está por escribir, así que voy a ponerme al volante y a disfrutar las curvas.

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Voy a ser como tú

IMG_6687Yo de mayor quiero ser como tú. Me encanta la forma en que siempre estás dispuesta a decir algo amable sobre los demás. Nunca te he oído criticar tontamente a nadie, ni resaltar sus defectos. Cuando alguien lo hace, tú sueles callar y en tu expresión puedo leer algo como “esa persona es como es y no voy a hablar mal de ella”.

Yo de mayor voy a ser como tú, porque es como si hubieras vivido muchas vidas. Has hecho cosas increíbles que casi nunca cuentas, cosas difíciles, para las que hay que ser muy fuerte y valiente. Un día te viste sobrepasada, y te desesperaste, te hundiste, porque la tierra se movía bajo tus pies. Pero como eres una mujer fuera de lo común, lo consigues: te levantas y te reinventas. Giro de 360 grados y a otra cosa, mariposa. Aprendes a escuchar, a acompañar, a comprender, a sentir y a curar tu alma la de los demás. No es mal destino en la vida.

Yo de mayor tengo que ser como tú, no me queda otra. O lo consigo o me pierdo en el intento. Voy a practicar más aquello que quiero ser más, y lo que quiero es ser más como tú: más paciente, más confiada, más perceptiva, más amable, más feliz. Supongo que cuando leas esto sabrás que hablo de ti. Gracias por llegar a mi vida, muchas gracias.

Esta Navidad no se va de casa

img_7020Luis esta mañana estaba triste. Yo también, pero no se lo dije. Lo mío es por miedo, el mismo miedo de cada trimestre, y como ya suena a disco rayado, me lo callo y me acojono a solas, con perdón. El caso es que mi chico dulce estaba mañana estaba triste.

-Es que se han acabado las Navidades y hoy toca volver a la rutina y quitar los adornos de la casa. Ya no más excusas para seguir inflándome a bombones y turrón, ni más villancicos, ¡con lo que me anima Michael Buble!

Le escuché atentamente y decidí que las Navidades no se marchan de mi casa, al menos no del todo. No se van las luces, no se van los bombones, ni el turrón. No se va Buble, no se va el potaje de albóndigas que hace mi madre en Reyes, ni el roscón de crema, ni la pata de jamón. No se van los regalos sorpresa, ni las reuniones, ni las fiestas, ni los whatsapps a los amigos que ves menos. No se va el paz y amor, no se van los abrazos, ni las risas, no se va el besuqueo sin venir a cuento. De mi casa no te escapas, Navidad. Así que cariño, alegra esa cara, mi niño guapo.

Así que ya lo sabéis. Si venís por casa y veis, oís o sentís algo que os recuerde a la Nochebuena o Año Nuevo, es que lo estaremos haciendo bien. Un abrazo.

Un recuerdo que es un tesoro

Hay un je ne sais quoi en el ambiente que me coloca una sonrisa tonta en la boca. En la calle hay luces por todos lados y qué queréis que os diga, a mí las luces me animan. Mi vecino acaba de colocar una ristra de bombillas blancas, mira tú qué bien. Me han hecho varios regalitos simpáticos y yo he también he hecho mis pinitos. Y, sí también me gustan los regalos, llámame rara. Tengo mi casa llena de dulces y los que me conocen bien, saben que el dulce es mi perdición. No debería, pero mi voluntad se vuelve débil ante un buen turrón de Jijona. Mea culpa. Mi agenda comienza a llenarse de comidas familiares, de esas que luego no dejan espacio para la cena, porque las preparan buenísimas cocineras y ese día se esmeran. Imposible resistirse a las albóndigas de mamá, los huevos que prepara mi cuñada y la sopa de pescado de mi suegra. Ay…

Últimamente en mi casa se escuchan villancicos y yo estoy deseando cantarlos a coro, como cada Nochebuena hago con mis hermanas. Nos sabemos solo los estribillos, pero le ponemos mucho empeño.

¿Se nota que me gusta la Navidad? Pues ahora imaginaos cómo será de maravillosa esta Navidad para mí. Justo hoy hace un año de mi última operación de hígado. Sí, fue un 18 de diciembre. Estuve tres semanas en el hospital. Cuando salí, la Navidad se me había escapado entre los dedos.

Pero mi familia vino a mi habitación en Nochebuena, antes de cenar. Traían disfraces navideños que todos nos pusimos entre risas, incluso la otra enferma con la que compartía los días.

hermanis baile foto - copiaMis hermanas iban vestidas de rojo y blanco. En un momento dado alguien puso música y las dos se pusieron a bailar y cantar un villancico. Habían preparado un coreografía genial. Las enfermeras se agolpaban en la puerta para ver el espectáculo y cuando terminaron todo el mundo aplaudía. Fue increíble.

Esto es solo una foto, abajo podéis ver el vídeo.

Os contaba esta anécdota para explicaros por qué esta Navidad de 2017 es para mí tan bonita: estoy en casa, muy recuperada y con mi familia a la que adoro. Pero mientras la contaba, me he dado cuenta de lo perfecto que fue el momento que mis hermanas me regalaron el año pasado. Jamás olvidaré la felicidad y el amor que sentí. Me hace llorar recordarlo, porque fue muy emocionante y a la vez triste. Recuerdo que no quería salir en las fotos porque llevaba muchos tubos en el cuello y en los brazos y no deseaba recordarme así.

Pero aunque hay muchas cosas que borraría de las Navidades pasadas, no quiero olvidar lo que sentí esa Nochebuena mientras admiraba a mis guapísimas hermanas, imaginando las horas que habrían dedicado a ensayar su número musical y me sentía tan agradecida y orgullosa por su regalo. Estas Navidades serán maravillosas, hermanas, porque estaremos juntas, porque estaremos todos juntos, porque os quiero.

Y éste es el vídeo de uno de mis recuerdos más bonitos:

 

Las metas y sueños que dibujan mi historia

webcam-toy-foto15Las mejores historias son las que nos hablan de sueños. Voy a contaros mi historia. Una buena historia. 
Cuando era una jovencita de catorce años, recuerdo que lo único que me hacía ilusión en la vida, ilusión de verdad, eran 2 cosas: llegar a ser escritora y encontrar un novio guapo, listo y bueno.
Lo de escribir lo llevaba en los genes. Mi abuelo se sentaba cada día y escribía una cuartilla en la que comentaba la actualidad. Era un gran analista político y social, con una pluma divertida y certera, aunque nunca llegó a publicar. Cuando murió recopilamos todos sus escritos en un libro precioso. Le hubiera encantado.
Yo escribía con facilidad y gran placer. Poesía, cuentos, ensayos, lo que se me pusiera por delante. Quería estudiar periodismo, ser columnista de un periódico y escribir un libro (o varios). Ese era mi objetivo. Al final estudié Filología, hice Comunicación en Esade y me pasé la vida preparando notas de prensa, redactando en blogs, produciendo vídeos y orquestando eventos. Me quedé muy cerca de mi meta, porque escribir era buena parte mi trabajo. Mientras, seguí con la poesía e inicié muchas novelas, pero me faltó acabarlas. No eres un novelista si no acabas tus novelas. Ahora que tengo más tiempo, no descarto conseguirlo.

IMG_4149En cuanto al tema novios, comencé mal, muy mal. En el colegio y en el instituto, todos los chicos de los que me enamoraba pasaban de mí. Algunos episodios fueron realmente patéticos. Básicamente, yo era una empollona larguiducha y flacucha. Pero a los 17 años algo cambio, de repente me salían novios y yo, que en realidad era inexperta, lo manejé muy mal. El caso es que me casé joven y sin criterio. Porque el amor a veces no lo es todo, hay que encajar con el otro. A menudo las personas se empeñan en estar juntas aunque no se hagan realmente felices. Y así, yo fui mediocremente feliz o bastante infeliz, según cómo se mire, duramente mucho tiempo, hasta que me divorcié. A los 38 años conocí a otro hombre. Desde fuera parecía que teníamos muy poco en común y de hecho, ni nuestros amigos ni nuestra familia nos animó a continuar, más bien al contrario. Pero, ¿sabéis una cosa? Las almas gemelas existen. Y Luis y yo somos almas gemelas. Nos casamos y hace 12 años que estamos juntos. No pasa ni un solo día en que nos abracemos y nos digamos los felices que somos por estar juntos. No pasa ni un solo día en que no le agradezca al universo que él se cruzase en mi camino. Sueño cumplido, al cien por cien. Él ha sido el principal motivo de mi felicidad durante todos estos años y, a la vez, el foco de mi tristeza cuando me puse enferma. Pensar en dejarle me hacía sentir tan desesperadamente triste… Y sigue siendo así. Creo que siempre será así. Sé que si no estás, no sientes, pero mientras estoy, imaginar que no estaré con él, imaginarle solo, me rompe. Quiero más, mucho más tiempo, y lo quiero para vivirlo junto a él y hacernos felices. Tiempo. No hay nada más valioso. Precioso tiempo.

Planes

IMG_7907Llevo mal pocas cosas, pero una me fastidia en grado superlativo: no poder hacer planes. Me refiero a medio-largo plazo. Puedo hacer planes para mañana, para la semana que viene o el próximo mes, pero no puedo ir mucho más allá. No cuando tienes pruebas médicas determinantes cada tres meses. Y el problema es que a mí me encanta hacer planes. De hecho, disfruto tanto en la planificación como en la ejecución.

Cuando era una niña de unos diez años, tres meses antes de irnos de vacaciones al pueblo de mis padres y abuelos, yo detallaba en una libreta todos los días y horas que faltaban. Eso me permitía el placer de tachar al mediodía, por la noche y por la mañana la porción de tiempo transcurrido, tiempo que iba restando del día de nuestra partida. Puede parecer una tontería, pero para mí era una gozada. Incluso disfrutaba escribiendo la interminable sucesión de horas para más de 90 días.

Ahora que soy mayorcita (dejémoslo ahí), me gusta planear todos los acontecimientos venideros hasta el último detalle. En un viaje, por ejemplo, me hago listas de todas las actividades que haré cada día, busco restaurantes recomendados, modos de transporte, tiendas… También hago listas con todos los recados y tareas que debo realizar hasta el día de la salida, con la ropa que me llevaré (previamente conjuntada)… Yo soy así. Planeé mi embarazo de principio a fin en una hoja de excel, de modo que mi baja finalizase justo a finales de julio. Después cogería un mes de vacaciones y el uno de septiembre mi bebé iría a la guardería.  Mis amigos se reían, aduciendo que las cosas no eran tan matemáticas, sin embargo, mi hijo fue concebido la semana prevista y acudió a su guardería el mes deseado.

Lo mejor de los planes es que si los haces bien, suelen llevarte a buen puerto, salvo imprevistos, claro. Los buenos planes se basan en la eliminación de la incertidumbre: si ocurre “x”, yo haré “y”, y si ocurre “a”, entonces yo haré “b”. Por supuesto, los imprevistos existen y pueden acabar con el mejor plan. Pero cuando la incertidumbre es inabordable, el plan más optimista acaba en la basura. ¡He cancelado tantos planes en los últimos cuatro años! Ahora procuro no hacerlo, aunque la cabra tira al monte. ¡Hay tantas cosas hermosas, interesantes o divertidas por hacer! Actualmente, mi mejor plan es hacer todo aquello que me resulta gratificante. No perderme ni una. Tempus fugit y la vida es un frenesí, ya lo decía Calderón de la Barca.

No me pinches, que ya te escucho

IMG_7152Mi hígado se queja y el caso es que sé por qué. Lo hace dándome pinchazos que me hacen pensar en él y preocuparme. Es inevitable. Pero no se queja sin razón. Veréis, el problema es que me estreso, puede parecer ridículo, pero es así. Estoy jubilada, algo que anhelaba cuando estaba en activo y que nunca imaginé que me llegaría con inconvenientes inesperados. Y como buena jubilada, me he buscado mis tareas: pilates suave tres días a ver si recupero de una vez los músculos abdominales, clase de escritura creativa los lunes, de costura a máquina los miércoles y de salsa los viernes. Sé lo que estáis pensando: pues vaya, menudo estrés tan chorra tiene esta chica, jeje, pero es que no es esto lo que me estresa, al contrario, estas actividades me permiten relajarme a ratos.

El problema es el resto del tiempo. ¡Me estreso por todo! Por los problemas que puedan tener aquellos a los que quiero, por los problemas del mundo (menudo momento…) y por mis propios problemas que, como es fácil imaginar, están ligados a mi enfermedad. Tranquilos, no voy a entrar en detalles, no quiero repasar problemas, no quiero zambullirme de nuevo en lo negativo. Lo que quiero es reconocer que me equivoco. Luis siempre me dice que yo ya tengo suficientes problemas como para preocuparme de los de los demás o de los del mundo, pero es que me cuesta tanto… Iba a a decir que el motivo es que “yo soy así” y ese es mi primer error: asumir que no puedo cambiar porque SOY  tal como soy. Es algo que todos hacemos, creo, ponernos etiquetas, sambenitos… y creer que no podemos actuar bajo patrones distintos, mejores.

El otro día alguien me explicó la diferencia entre la empatía y el contagio emocional: una cosa es dejarte llevar por las emociones de otros, contagiarte de la tristeza o rabia de alguien, y otra cosa es conectar con lo que siente la persona, comprenderle y así poder ayudarle a salir de esa emoción negativa. La empatía funciona como tal si consuela o calma.

Supongo que en primer lugar debería empatizar conmigo misma, escucharme, comprenderme y consolarme. Tengo que escuchar a mi querido hígado. No me pinches, que ya te siento.

Céntrate, Pepaaa

img_7020Pepa, hoy te voy a hablar en tercera persona, a ver si te enteras. Estás estresada, preocupada por lo que está sucediendo a tu alrededor. Como si todo ello fuese vital para ti. Pero no lo es, lo vital es tu paz interior. Pepa, concéntrate en estar bien contigo misma y con los que quieres. Concéntrate en respirar y sentir el sol o la lluvia sobre la piel. Céntrate en lo que te hace feliz y concédele una importancia relativa a todo lo demás. La vida tiene fecha de caducidad, así que asegúrate de saborearla al ciento por ciento. ¿Qué es eso de no dormir bien? ¿Cómo puedes estar tan preocupada y triste?  Deshazte del sufrimiento innecesario, porque no es empatía sana, sino una forma de contagio emocional que no te beneficia en nada justo en este momento. En 17 días pruebas médicas, así que ahora procura soñar con los angelitos y descansa. ¡Pepaaaaaa!

Estoy bien, gracias.

IMG_8124Cuando la gente me pregunta que cómo estoy, siempre tengo dudas sobre lo que responder, porque estoy muchas cosas. No puedo decir que estoy curada, porque no lo estoy, solo que de momento estoy bien. Alguno pensará que eso es lo que todos diríamos, que de momento bien y otros me corregirían: estás bien, quita el de momento y no seas negativa. Sí, supongo que a veces puede salirme una cierta vena negativa, pero en realidad yo lo veo como una correcta dosis de realismo. Veréis, todos los médicos que he consultado se han asegurado siempre de dejarme muy claro que la recaída era segura y rápida. Ahora mismo estoy bastante bien, comparado con otros momentos anteriores, las pastillas de tratamiento hormonal parece que están haciendo efecto y no crece un nuevo tumor en el hígado. Las pastillas tienen efectos secundarios molestos: manos débiles y agarrotadas, dolor en los pies y caderas, cansancio… pero aparte de eso, estoy muy bien. Lo importante es que la metástasis me ha dado una tregua.

Cada tres meses paso unas pruebas para ver cómo sigue y quizás eso sea lo más duro, porque entonces el miedo es inevitable. Normalmente consigo apartarlo de mi pensamiento, me concentro en vivir un día tras otro, disfrutando todo cuanto sé y puedo, pero tarde o temprano recuerdo las palabras de mis médicos y un pensamiento negativo crece en mi cabeza, lo suficiente como para estropearme el día. Conforme se aproxima la prueba, entro en pánico. Disimulo ante casi todo el mundo, pero estoy muerta de miedo. Tres meses pasan rápido, así que me siento en un carrusel de emociones y todo se mezcla y confunde. Estoy triste porque amo mucho, río mucho y a ratos lloro, adoro mi vida y la temo, agradezco la suerte de tener el marido y el hijo que tengo, y después me quejo de mi mala suerte, y así, en un cruel juego de contradicciones, se me pasan los días. Me queda un mes para las siguientes pruebas y ya siento como mi humor se transforma a menudo en melancolía. Entonces me gustaría tener a todas las personas que aprecio muy cerca, tocarlas, sentirlas, porque así dejo menos huecos para la tristeza.

Volver al camino

IMG_8086Me pierdo. Voy por un sendero estrecho, con algunas piedras, a veces empinado y a veces resbaladizo. La lluvia ha dejado charcos que en ocasiones forman pequeños lagos en los que podría hundirme. Pero el camino siempre está más o menos claro. Si sigo por ese camino llegaré a casa. Sin embargo, a menudo me distraigo con menudencias: un árbol a lo lejos que parece cargado de un llamativo fruto, un precipicio al que apetece asomarse, una montaña que oculta un paisaje diferente… Y yo, que soy curiosa por naturaleza, suelo investigar saliendo del camino. Y el caso es que la aventura no es lo mío. Siempre he preferido las situaciones controladas. Durante un tiempo me convencí de que lo estresante era en realidad divertido y los obstáculos una oportunidad, pero ahora resulta que probablemente tanto estrés y tanto obstáculo lo único que consiguieron es que mi cuerpo se volviese contra mí, devorándome. Ahora me como un pecho, luego el hígado, luego te robo las trompas y ovarios, luego te castigo con una buena dosis de bilis extraviada… en fin, una putada a la que, al parecer, yo contribuí en mi sinrazón de abandonarme al estrés, la ira y tensión. No era mi camino.

Porque todos tenemos nuestro camino, nuestro lugar en el mundo dedicado solo a nosotros. En ese espacio estamos a nuestras anchas, cómodos, libres, tranquilos, rodeados de los que amamos, felices o tristes, pero siempre sinceros con nosotros mismos, en paz. Nos perdemos, muchas veces, por deporte, por estupidez, por avaricia. Y el camino se diluye, se aleja, desaparece.

He vuelto a mi camino, a mi espacio de luz y calma. A ver si consigo permanecer aquí tranquila hasta que la felicidad me encuentre por todos los costados y me alumbre.

Un abrazo.