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Palabras que dan felicidad

IMG_6757Hay palabras que nos suenan a gloria. Como la propia palabra “gloria”. Preciosa. O como la propia palabra “preciosa”. No sólo es que su sonoridad sea especial, por supuesto, el significado influye. Pocas palabras son un comodín tan estupendo para significar siempre algo perfecto:

Si una comida sabe a gloria es que es la mayor delicia que te has llevado a la boca.
Si algo es gloria bendita, es que es tan placentero que te transporta al cielo,
Si alcanzas la gloria, es que has triunfado a lo grande en lo que te propusiste y todo el mundo lo sabe.
Si estás en la gloria, es que el momento es perfecto, irrepetible, soberbio.

En el fondo nadie sabe lo que es exactamente gloria, pero sí que es algo maravilloso, lo mejor de lo mejor. ¿Se puede pedir más a un vocablo?
Tengo una teoría. Se supone que si piensas en positivo, atraes lo bueno, tu cuerpo se revitaliza y sanas más rápido…Y para dar forma a un pensamiento, utilizamos palabras. Por eso se suele decir que a un niño no hay que decirle por ejemplo “no seas malo”, sino “tienes que ser bueno”. O a un saltador de pértiga hay que animarle antes del salto diciéndole “venga, tú puedes, valiente”, en lugar de “no tengas miedo”.
Pues bien, si tanto poder acaban teniendo las palabras, ¿no sería una buena idea procurar utilizar el máximo número de veces al día aquéllas que nos resultan preciosas y que nos colocan en el lado bueno de las cosas? No a lo loco, no. No se trata de soltarlas sin sentido, me refiero a tomar consciencia de que mejor usar “gloria” que “rico o bueno”, que mejor usar “precioso” que “bonito”. Se trata de elegir elevar el nivel de lo bueno que nos rodea, de resaltarlo, de hacérnoslo más visible.
Desde el momento en el que nos levantamos. Nos asomamos para ver qué día hace y un sol radiante nos saluda. Y decimos en voz alta: ¡Qué precioso sol, me siento en la gloria!”. Que no hace sol y el día el gélido, pues nos preparamos un café calentito que nos sabe a gloria. Y nos lo decimos a nosotros mismos, o al marido, o al compañero de trabajo.
En fin, supongo que comprendéis por dónde voy.
Yo tengo una pequeña lista con la que voy a practicar: precioso, gloria, gracias, feliz, dulce y risa. Las ha repetido en varias hojas y me la he puesto por varios sitios de la casa. Son algunas de mis palabras favoritas. Ya os contaré cómo me funciona.

Feliz y gloriosa semana, amigos. Gracias por hacerme más feliz y compartir mis risas. (5, ¡acabo de usar 5!)

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Camino gitano

cicatrizTengo en mi cuerpo un camino
que me recuerda cada día
lo que importa y lo que amo.
Es mi camino gitano.

Es un río tuerto, curvo, ciego,
seco, oscuro, feo.
Pero cuando me asomo,
veo el reflejo del pasado
y la promesa de un futuro.

El camino que me recorre es duro,
porque empieza y acaba cuesta arriba.

Si lo miro con miedo,
me equivoco.
Si lo miro con amor,
lo agradezco.

Hay grandeza en mi camino,
tanta esperanza como dolor,
y tanta victoria como duelo.

Es la cicatriz del alma
que ruge hasta rasgar mi piel.
Mi cicatriz gitana.

P.D.: A nadie le gusta una cicatriz así en su cuerpo, pero cada vez que la miro siento el mayor de los agradecimientos hacia mis médicos y la admiración hacia mi familia por lo que ha tenido que soportar y sobre todo hacia mi propio cuerpo, por lo fuerte que ha sido. Pedazo cuerpazo. Tres veces han abierto por ese mismo camino para sanar. Gracias, gracias, gracias.

Mostrar mi cicatriz es algo que nunca suelo hacer, ni en la playa, pero tras reflexionar sobre ello creo que si los que tenemos cicatrices así lo hiciéramos más, otros perderían el miedo a hacerlo, porque en el fondo debemos estar orgullosos de nuestras heridas de batalla, nuestros caminitos gitanos. Orgullosos de la victoria.

Héroes anónimos

Hoy mi entrada es algo diferente. Quiero compartir con vosotros algo que me hace mucha ilusión. Como muchos saben, hace ya casi dos años me jubilé a causa de mi enfermedad tras 25 años trabajando en el sector del marketing y la comunicación. Mi vida cambió radicalmente. Pero hace unos meses, me ofrecieron colaborar en una causa. Se trataba de concebir una campaña de responsabilidad social corporativa para apoyar el nacimiento de una ortopedia online que un grupo de personas a las que quiero mucho iban a poner en marcha.
Durante las semanas en las que estuve colaborando con ellos, volví a sentirme útil, recuperé la alegría del trabajo en equipo, de crear algo bello… Gracias por darme la oportunidad de disfrutarlo. Luis, Jordi, Dani, muchas gracias.
Mañana martes se pone en marcha tanto la web como la campaña, que se llama BUSCAMOS HÉROES ANÓNIMOS. Ésta ha sido una de las experiencias profesionales más bonitas de mi vida. ¡Y sin cobrar, por supuesto! El objetivo es localizar personas que hayan superado grandes retos, por una enfermedad o accidente, héroes para sus familiares y amigos que inspiren y motiven a personas que están viviendo situaciones parecidas. Hemos grabado un vídeo con Astrid Fina, embajadora de la campaña, una atleta del equipo olímpico español, campeona de Snowboard. Conocer a Astrid fue una gran experiencia en sí misma: toda una campeona y no solo por las medallas que ha conseguido, sino por los obstáculos que ha superado. Nunca pierdas esa sonrisa tan bonita, Astrid. Y un fuerte abrazo a tu madre, Gemma.

astrid, gemma y pepa

El día de rodaje. De izquierda a derecha, Astrid, Pepa, Gemma, el ayudante de cámara y Gerard, el realizador y cámara, (de AVisual Concept, ¡qué gran trabajo habéis hecho!).

De modo que aquí está, recién salida del horno y cargadita de ilusión. Éste es el enlace a la página de Facebook en la que está la campaña. Si te gusta el vídeo, no olvides darle un “me gusta” ¡y compartirlo! Y, por supuesto, si conoces algún héroe anónimo, ¿por qué no contar su historia e inspirar a muchos?
Clica en este enlace:
CAMPAÑA BUSCAMOS HÉROES ANÓNIMOS

También dejo el enlace a la página de Ortoplanet, promotora de la campaña: http://www.ortoplanet.com donde podéis encontrar la campaña destacada.

Un abrazo!

Y aquí sigo

Hoy una amiga me dijo que al escuchar esta canción se acordó de mí. Que buena amiga y qué bien me conoce. Sí, me siento a menudo una superviviente, siento que he ido y he vuelto de unas cuantas guerras, que me di por perdida y aquí sigo, que soy mi propio milagro y el que otros que me aman desearon.

Y si puedo, aquí seguiré, viviendo mucho, amando tanto…

Esta semana pasé de nuevo revisión de motor, frenos y amortiguación. Todo perfecto y ya casi no me lo creo. Un beso y un abrazo muy fuerte para Etel, María José, y las monjas Clarisas de Borja, que cada día rezan por mi, porque son todo amor y bondad.

Aferrarse a lo bueno

IMG_7444Hoy conocí a una persona encantadora. De hecho creo que es mucho más, creo que es una gran persona. Nos pusimos a hablar y enseguida conectamos, como si ya nos conociésemos. Me contó su historia, difícil, y yo le conté la mía. Ella había dejado una profesión muy exigente (policía) en la que durante años se había enfrentado a situaciones límite muy duras, ya que se ocupaba de casos de malos tratos. En un momento dado no pudo más, su cuerpo y su mente dijo basta y tuvo que dejarlo. Se formó de nuevo y hoy se dedica a ayudar a los demás psicológicamente con diferentes terapias. Es una luchadora.

Yo también le conté mi historia y no pude evitar empezar a llorar. No me resulta fácil explicar en detalle lo que me ocurre, sobre todo si la conversación pasa a ser profunda, si hablamos de emociones, si me desnudo. Me explico. Puedo explicar a un desconocido de forma aséptica y realista lo que me pasa, puedo hacerlo a veces de forma tan fría que la gente se sorprende. Sin embargo, si lo que tengo que explicar es lo que siento como ser humano, si surge en la conversación el miedo al futuro o la pena de perder lo que más amo, entonces la emoción me puede. Entonces el otro se siente en la necesidad de animarte, “aférrate a lo bueno de tu vida”, me dijo esta persona. Y sí, es un buen consejo. Es algo que procuro desde que caí enferma. Aferrarme a lo bueno de mi vida, y hay mucho bueno. Supongo que me falta tener más esperanza, más confianza en el futuro. Lo intento. De verdad, lo intento. Hay algo que me atrapa aquí, que me encandila, y es el amor que siento.

Déjate querer

Cartas a mi hijo IV

dejate querer.JPGDejarse querer parece fácil, pero a ti te cuesta. No sé muy bien por qué, pero así es. Te encierras en tu concha y cuesta llegar a rozarte, como a tantos adolescentes. Siempre has sido un poco esquivo, introvertido. Desde pequeño aprendiste a separar mundos, a ser discreto y a alejarte de las emociones. Porque las emociones a veces duelen y quizás descubriste que era mejor pasar de puntillas. Te has convertido en un joven introvertido, aparentemente fuerte. Es como si no necesitases a nadie. Pero tú y yo sabemos que no es así. Te conformas con lo que hay, pero en silencio sientes dolor y pena cuando toca.

Algún día ese sentimiento te desbordará, a todos nos toca una o más veces en nuestra vida, y me gustaría saber que entonces te dejarás querer, que abrirás puertas y permitirás que corra el aire. Con el aire llegarán abrazos y besos, llegarán palabras de consuelo, fuerza, llegará el amor de los que te quieren. Además de tus amigos, tu familia te quiere. Y no hay nada más valioso, no me canso de decírtelo. Cuando los necesites estarán ahí, pero tú debes dejarles llegar a ti, que te escuchen, que compartan tus alegrías y penas, tus preocupaciones y esperanzas. Debes compartir tu vida, compartirte tú. Recibirás mucho, pero recuerda que tú deberás dar más. Sé generoso con los que te quieren, mucho. En todos los sentidos y siempre.

Déjate querer, quiérete y quiere. Mi peque, mi dulce, mi amor.

Nota:
4 condiciones básicas para recibir y dar amor:

  • decirlo a menudo, mínimo 2 veces al día
  • devolver con ganas los abrazos y darlos gratuitamente al menos 3 veces al día.
  • besar mucho, pero mucho.
  • tocar mucho, pero más.

Ella

Cartas a mi hijo 3

img_7207Me encantaría conocer a la mujer con la que decidas pasar el resto de tu vida, esa con la que tendrás hijos y, si todo va bien, envejecerás. Me gustaría abrazarla y llamarla hija, hacerle regalos en su cumpleaños y en navidad, llevármela de compras, tomar un café, contarle anécdotas de tu niñez… Aún no le he puesto cara y ya me cae bien, porque es como si ya la conociera. Sé que será bonita, porque tú lo eres. Sé que te mirará como si tú fueses lo más importante de su vida, porque tú necesitarás que así sea. También sé que será cariñosa, porque aunque tú no sueles demostrarlo, yo sé que dentro de ti ruge un auténtico mimosete al que le encanta que le den abrazos y caricias. Con la mujer adecuada, tu disfrutarás entregando mimos.

Pero sé más cosas. Sé que le gustará escucharte y te dará buenos consejos, y tú también se los darás, porque cada día eres más sabio. Ella sonreirá mucho y eso te hará muy feliz, porque aunque hayas tenido una vida un poco complicada, has aprendido el valor de la alegría y la necesitarás para respirar. Estoy convencida de que tu pareja será una mujer fuerte, valiente, incansable, que te ayudará a levantarte cuando decaigas y te animará a luchar por lo que crees justo y por lo que deseas.  Será como una bendición en tu vida, será tu timón y tu puerto.  Y saberlo me hace muy feliz.  Te quiero.

Quiero ser mago

magia.JPGAyer fui a ver un espectáculo de magia. El mago era un hombre joven, muy chispeante y locuaz. En muchos de sus números solicitaba la ayuda de unos de los muchos niños que había en la sala. Los pequeños reaccionaban con asombro y admiración antes los números de cartas y monedas que el mago desarrollaba a menos de un metro de sus narices.

La emoción de un niño ante la magia es contagiosa. Yo también salí de allí impresionada. Se supone que la magia no existe, que en realidad es un cincuenta por ciento de habilidad y otro tanto de distracción, pero cuando la ves tan cerca en algún momento crece en ti la duda y deseas fervientemente que sea verdadera.

Ojalá la magia existiera, ojalá un gran mago pudiera arreglar cualquiera de nuestros problemas. Ojalá todos hiciésemos magia. Magia de la que consigue una sonrisa perfecta. Yo conozco más de un aspirante a mago. Será cuestión de practicar.

Un pequeño ser

Había una vez un pequeño ser que estaba orgulloso de sí mismo y era feliz. Era tan fuerte y listo como la mayoría de sus congéneres y había conseguido una vida cómoda. Cuando caminaba lo hacía con la cabeza erguida, seguro de cada paso que daba. No puede decirse que no le preocupase el futuro pero solo en la medida de que no sabía si conseguiría todas sus metas.

Al ser tan pequeño, se perdía las miradas de repulsa que otros seres, más grandes y fuertes, le lanzaban. Para ellos era insignificante y lo que le ocurriese no importaba. Podría morir pisoteado en cualquier momento y el pequeño ser apenas percibiría lo ocurrido.

Yo era igual, un ser minúsculo en un universo inmenso. Y sigo siéndolo, solo que ahora soy consciente de mi tamaño e importancia real. Soy importante para mí y para los míos. Soy apenas una esquirla que salta del fuego humano que calienta este planeta.

Tócameee… tócame muuuuchoooo

img_7009Hoy el sol está de nuevo plantado en medio del cielo y yo salgo a la calle con una sonrisa. En días como hoy todo parece mejor. Los humanos parecemos más guapos, las calles y edificios se mudan del gris a cualquier otro color y yo tengo más ganas de cantar de lo habitual, y de dar abrazos. Pero los desconocidos se esquivan en los cruces y las tiendas, procurando no rozarse, los conocidos se saludan con un apenas un gesto y los amigos se dan dos besos relámpago, más al aire que a la cara. ¡Cuánto beso malgastado al aire! ¿Y que hay de los abrazos? Los vendemos caros y los damos rápidos. Las mujeres los guardan para ocasiones especiales, y los hombres prefieren los golpecitos en la espalda. Odiosos golpecitos en la espalda…

Los abrazos se reservan para los amantes y los niños, y nos olvidamos de que un abrazo largo y sentido nos proporciona un subidón de felicidad inmediato.

Pero voy más allá. ¿Por qué nos tocamos tan poco? Coger una mano, acariciar un brazo, una mejilla, apoyar la cabeza en el hombro de otro… Hay tantos gestos que nos perdemos cada día. Gestos hermosos, tranquilos… A un amigo, a un hermano… Nos autoimponemos una estricta dieta de contactos humanos, como si fueran malos para la salud. Lo peor es que hemos convertido el contacto humano en algo ajeno, extraño e incluso a veces sucio.

Pues yo abandono la dieta. ¡A la mierda! Desde ya os digo que voy a tocar mucho y que desearía un retorno en consonancia. Abrazos, besos, caricias, roces, cercanía… ¡quiero sentirme cerca! Y tú, mi insecto palo favorito, sí, tú, mi flacucha querida, vete haciendo a la idea.  ¡Tócameee…. tócame muuuuchooooo!