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Esta Navidad no se va de casa

img_7020Luis esta mañana estaba triste. Yo también, pero no se lo dije. Lo mío es por miedo, el mismo miedo de cada trimestre, y como ya suena a disco rayado, me lo callo y me acojono a solas, con perdón. El caso es que mi chico dulce estaba mañana estaba triste.

-Es que se han acabado las Navidades y hoy toca volver a la rutina y quitar los adornos de la casa. Ya no más excusas para seguir inflándome a bombones y turrón, ni más villancicos, ¡con lo que me anima Michael Buble!

Le escuché atentamente y decidí que las Navidades no se marchan de mi casa, al menos no del todo. No se van las luces, no se van los bombones, ni el turrón. No se va Buble, no se va el potaje de albóndigas que hace mi madre en Reyes, ni el roscón de crema, ni la pata de jamón. No se van los regalos sorpresa, ni las reuniones, ni las fiestas, ni los whatsapps a los amigos que ves menos. No se va el paz y amor, no se van los abrazos, ni las risas, no se va el besuqueo sin venir a cuento. De mi casa no te escapas, Navidad. Así que cariño, alegra esa cara, mi niño guapo.

Así que ya lo sabéis. Si venís por casa y veis, oís o sentís algo que os recuerde a la Nochebuena o Año Nuevo, es que lo estaremos haciendo bien. Un abrazo.

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Un recuerdo que es un tesoro

Hay un je ne sais quoi en el ambiente que me coloca una sonrisa tonta en la boca. En la calle hay luces por todos lados y qué queréis que os diga, a mí las luces me animan. Mi vecino acaba de colocar una ristra de bombillas blancas, mira tú qué bien. Me han hecho varios regalitos simpáticos y yo he también he hecho mis pinitos. Y, sí también me gustan los regalos, llámame rara. Tengo mi casa llena de dulces y los que me conocen bien, saben que el dulce es mi perdición. No debería, pero mi voluntad se vuelve débil ante un buen turrón de Jijona. Mea culpa. Mi agenda comienza a llenarse de comidas familiares, de esas que luego no dejan espacio para la cena, porque las preparan buenísimas cocineras y ese día se esmeran. Imposible resistirse a las albóndigas de mamá, los huevos que prepara mi cuñada y la sopa de pescado de mi suegra. Ay…

Últimamente en mi casa se escuchan villancicos y yo estoy deseando cantarlos a coro, como cada Nochebuena hago con mis hermanas. Nos sabemos solo los estribillos, pero le ponemos mucho empeño.

¿Se nota que me gusta la Navidad? Pues ahora imaginaos cómo será de maravillosa esta Navidad para mí. Justo hoy hace un año de mi última operación de hígado. Sí, fue un 18 de diciembre. Estuve tres semanas en el hospital. Cuando salí, la Navidad se me había escapado entre los dedos.

Pero mi familia vino a mi habitación en Nochebuena, antes de cenar. Traían disfraces navideños que todos nos pusimos entre risas, incluso la otra enferma con la que compartía los días.

hermanis baile foto - copiaMis hermanas iban vestidas de rojo y blanco. En un momento dado alguien puso música y las dos se pusieron a bailar y cantar un villancico. Habían preparado un coreografía genial. Las enfermeras se agolpaban en la puerta para ver el espectáculo y cuando terminaron todo el mundo aplaudía. Fue increíble.

Esto es solo una foto, abajo podéis ver el vídeo.

Os contaba esta anécdota para explicaros por qué esta Navidad de 2017 es para mí tan bonita: estoy en casa, muy recuperada y con mi familia a la que adoro. Pero mientras la contaba, me he dado cuenta de lo perfecto que fue el momento que mis hermanas me regalaron el año pasado. Jamás olvidaré la felicidad y el amor que sentí. Me hace llorar recordarlo, porque fue muy emocionante y a la vez triste. Recuerdo que no quería salir en las fotos porque llevaba muchos tubos en el cuello y en los brazos y no deseaba recordarme así.

Pero aunque hay muchas cosas que borraría de las Navidades pasadas, no quiero olvidar lo que sentí esa Nochebuena mientras admiraba a mis guapísimas hermanas, imaginando las horas que habrían dedicado a ensayar su número musical y me sentía tan agradecida y orgullosa por su regalo. Estas Navidades serán maravillosas, hermanas, porque estaremos juntas, porque estaremos todos juntos, porque os quiero.

Y éste es el vídeo de uno de mis recuerdos más bonitos:

 

Tal como soy

IMG_8074A menudo escucho un mantra que repite que “hoy me acepto y me amo tal como soy”. Es fácil decirlo, pero no tanto sentirlo de verdad. Creo que no me quiero lo que debería, porque en realidad me siento demasiado imperfecta para ello. Conozco bien mis defectos y no me gustan. He convivido conmigo misma durante demasiados años para, a estas alturas, mirar hacia otro lado y cuando me miro de frente, no me gusta todo lo que veo.
Si echo la vista atrás, entonces veo todos los errores que cometí. A menudo conscientemente, no fue un accidente. Y me doy cuenta de las muchas veces que culpé a los demás por las decisiones que me vi “obligada” a tomar.
Sin embargo, una cosa es cierta: nunca actué por maldad. No lo permití. Erré, pero por otros motivos: cobardía, envidia, rencor, ira…
Me he pasado la vida exculpándome, y ahora, al escuchar ese mantra, me pregunto si de verdad seré capaz de amarme tal y como soy. La enfermedad me ha llevado a revisar a fondo mi existencia. Así, he procurado perdonar a aquellos a los que guardaba rencor, porque el odio solo me hacía sentirme más triste.
Y ahora quedo yo. Aquí estoy, reconociéndome en el espejo. Mira, esa soy yo, intentando ser mejor para merecer el perdón del universo. Y no es que crea que eso puede curarme, no, es que quiero vivir este momento, este día, este mes, este año… cuanto tenga, aferrada a lo bueno que hay en mí. Solo entonces me siento más valiente, más fuerte y, sobre todo, más digna de ser feliz, tal como soy.

Gracias

IMG_7956Creo que nuestras vidas están llenas de pequeños milagros, cosas buenas que pasan continuamente y a las que a menudo no damos importancia. Es porque están inmersas en lo cotidiano, coloreadas por el tinte de lo habitual. Un niño da sus primeros pasos, tambaleándose, temblando inseguro y el noventa y cinco por ciento de las veces caerá de culo, desafiando la ley de la probabilidad. Nadie le ha enseñado a hacerlo, pero él sabe que mejor caer de culo…
Un grupo de niños juega alrededor de una piscina. Los padres no les quitan ojo. Saltan al agua, corren por el suelo mojado, se empujan. El noventa y nueve por ciento de las veces no hay accidentes, a pesar de las veces que los observadores adultos se quedan con el “ay” colgado en el pecho.
Un hombre y una mujer se encuentran y se enamoran. Se aman durante mucho tiempo. Parece fácil pero no lo es, todos los sabemos. Es un pequeño milagro dar con la persona adecuada, con ese alma gemela que asegura nuestra felicidad.
Y luego están los grandes milagros, los que nos dejan sin habla, sin aliento, porque no podemos explicarlos sin atribuirlos a la intervención de algo o alguien que nos sobrepasa y nos conmueve.
En mi última operación, la biopsia final indicaba que, a pesar de haber extraído el tumor del hígado, habían quedado restos tumorales. Sin embargo, siete meses después un tac indica que no hay enfermedad visible. No sé si será un milagro divino o una suerte loca, pero prefiero pensar que es un milagro, y no porque yo sea una persona creyente, no solía serlo, sino porque hay muchas personas que rezan por mí, algunas sin conocerme en persona, y sería hermoso que su fuerza y su fe fuesen capaces de obrar milagros, pequeños o grandes. Ya digo que yo no era creyente, y ahora no sé qué soy. En realidad anhelo creer, porque entonces muchas cosas cobrarían más sentido en mi vida. Creo que todo sería un poco más hermoso, porque mi fe se está sustentando en la bondad humana y no dejo de verla en todo cuanto me rodea.

No sé cuánto durará esta situación -los médicos me avisan de que no puedo confiarme-, pero hoy por hoy disfruto de mi pequeño gran milagro. Gracias.

Llévame a la playa, amor

IMG_7912Llévame a la playa, a respirar aire azul,
aire fresco, aire salado.
Llévame sin prisas, con ganas de siempre,
con risas y hasta noviembre.
Tráeme chancletas, un bikini, una toalla y un pareo,
Y me quedo aquí a vivir, con lo puesto.

Llévame a la playa y no te alejes.
Dame masajes de arena y duchas de gotas marineras.
Tráeme un helado de limón y compartamos boca.
Tráeme tu cuerpo calentito y compartamos piel.
La miel, para diciembre.

Ahora quiero tu lengua salada,
quiero el juego de tu sonrisa,
el vaivén de tu pelo en la brisa,
y el sostén de tu mano en mi espalda.
Porque a veces me caigo, tonta de mí.
A veces no me levanto.
Pero si tú estás ahí,
no hay lazo que retenga
ni miedo que me detenga.

Venga, llévame a la playa y, si acaso, allí me dejas.
Hay una luz a lo lejos que me espera
y, si la alcanzo, quizás, sólo quizás,
me quede en tierra.

Favores gratis, amores gratis

IMG_7589.JPGLíbrame de todo mal, le pedíamos a Dios. Y Dios raramente nos libraba.
Mamá, no te mueras nunca, y ella, finalmente, nos dejaba.
No me dejes solo, ni de noche ni de día, le rogábamos a nuestro ángel de la guarda. Y él raramente se hacía sentir.
No me dejes nunca, le pedíamos a nuestro amado. Y él raramente se quedaba para siempre.
No me falles nunca, amigo mío. Y él, incluso él, algún día nos fallaba. Y nosotros a él.

Nos empeñamos en convertir en infalible lo que por naturaleza no lo es. Siempre esperando, exigiendo demasiado. Por eso, en algún punto de nuestra existencia, llegamos a convencernos de que la vida es una sucesión terrible de desengaños que no tiene solución.

O quizás sí. ¿Y si aprendiésemos a desear mucho, pero esperar poco? Me explico. ¿Y si todo cuanto recibiésemos de bueno lo considerásemos un suceso inesperadamente mágico y maravilloso? Si agradeciésemos lo bueno y dejásemos pasar lo malo. Si en  lugar de pedir, acogiésemos, si en lugar de exigir, sonriésemos con amor ante los regalos inesperados. En todo caso seríamos más felices, ¿no? Visto así, ¿no os pone los pelos de punta que por ejemplo un nuevo jefe os diga “espero mucho de ti”? Jeje.

Pero hay otra sentencia aún más memorable: “si tú me das, yo te doy”. ¿Y quién debe dar primero?, me pregunto. ¿Cómo se inicia el intercambio de favores y amores? ¿Paro en cuanto me falles? Estoy cansada de esta dinámica. Favores y amores deberían ser gratuitos, amables, desprendidos por naturaleza. Quiero ser más feliz y lo soy si pienso que el mundo puedo girar de otra forma más compasiva y sencilla. ¿No os parece? Un abrazo.

Contigo

El sol calienta mi piel, pero si siento que hoy me calienta hasta el alma es porque tú estás junto a mí. Cuando hace frío y me arropas con tu cuerpo, solo podrías ser tú. 

Si la luna me parece hermosa es porque la miramos juntos.

Las cosas dulces lo son más cuando tu boca también las roza.

Hay muchos momentos hermosos, pero todos ellos lo son más cuando los compartimos.

Incluso aunque no estés junto a mí, te siento cerca. Como si mi piel retuviese tu esencia. 

Y así, sé que la vida vale la pena. Siempre. 

El dolor pasa, se olvida, se aleja. El miedo se esconde y la tristeza es pasajera. Porque si tú estás nada malo me llega. Quédate conmigo siempre, amor, quédate y no te pierdas.

Una buena cita

loveCartas a mi hijo 8
Según parece, ya no estoy en la onda. Estoy anticuada, demodé, fuera de contexto. Me lo dejaste claro el otro día: no tengo ni idea de cómo liga un adolescente hoy en día. Recuerdo que te recomendé que si una chica del instituto te gustaba la invitases al cine o a tomar algo, y tú me miraste horrorizado.
-¡Mamá! ¿Pero qué dices? Ahora no se hace eso de ir a una chica e invitarla a saco…
-Bueno, antes podéis ir hablando, claro, en los patios y eso.
-Anda, déjalo. No tienes ni idea de cómo se hace ahora.
-Vale, explícame cómo funciona “ahora”.
-Se le sigue en Instagram, se le dan likes, luego se le ponen comentarios y si contesta, se empieza a hablar. Entonces uno de los dos da su número para abrir un chat en whastapp y ya por ahí se dice lo que toque. Y ya está.
-¿Y ya está?
-Sí. Ya está.
Vale, cariño, ahora tenéis una forma muy práctica de ligar, pero luego, cuando al fin quedes con una chica que te verdad te importe, créeme: más vale que la invites al cine o a tomar algo o incluso a cenar (ya si acaso en la siguiente pagáis a medias). Una buena cita, una que sea memorable, pide eso y risas, muchas risas. Descubre las cosas que le gustan y las que le preocupan, y cuéntale cosas que nadie sabe sobre ti. Ah, y no olvides decirle que te parece preciosa. Te lo juro,vida, esa será una gran cita. Y ese día te vas a acordar de mí.

Del por qué te mimo tanto

Cartas a mi hijo 7

mimarEsto te parecerá una extraña sucesión de pequeños quehaceres diarios, pero lee hasta el final, por favor.

Hoy he ido a comprar al súper tus latas de refresco favorito que devoras como si no hubiera un mañana, un cargamento de patatas fritas (porque todo lo acompañas con patatas fritas) y esas hamburguesas que te encantan y que sólo comes tú, aunque Luis se muera de envidia.
Hoy he hecho tu cama procurando que quede perfecta. Nunca la haces porque sales corriendo muy temprano. He aprovechado para vaporizar colonia en tu almohada. Cuando abras la cama y apoyes la cabeza en ella, te sentirás genial.
Hoy he conectado el ambientador de tu baño por enésima vez. Siempre lo desenchufas para secarte el pelo, pero nunca te acuerdas de volver a encenderlo. Quiero que tu baño huela a flores.
Hoy he ordenado el cajón de tu ropa interior. Siempre buscas las mismas prendas y lo revuelves todo. Cuando vuelvas a buscar te será más fácil encontrar lo que desees.
Hoy he leído un artículo en el periódico sobre creación de nuevas empresas y te lo he enviado por correo electrónico con algún comentario. Creo que te puede ser útil para el trabajo de investigación que te han encargado hacer en el instituto.
Hoy te he preparado, como cada noche, dos emparedados de nocilla para que te los lleves para desayunar mañana. Junto a ellos te he colocado las pastillas de gingseng te que tomas cada mañana. Así no se te olvidarán. El otro día incluso te saqué una del bote y te la dejé allí lista sobre la mesa, junto a un vaso de agua. Tú no la viste y te tomaste otra. Después me preguntaste un poco enfadado que por qué había hecho eso, protestaste diciendo que no era necesario. Yo lo pensé unos segundos y me eché a reír.

– Tienes toda la razón -te dije abrazándote- .¿Sabes, lo que pasa, cariño? Que yo, si hiciera falta, iría poniéndote por la mañana la acera por delante para que caminases…

Acabamos los dos riéndonos juntos. ¡Cuánto te quiero! Tengo que aprender a no mimarte tanto, a dejarte espacio, lo sé. ¡Ya has cumplido 17 años! Pero es que siento que ahora que puedo tengo que hacer todo lo que está en mi mano por ti.  Cuando no esté no tendrás más remedio que hacerlo todo por ti mismo. Ahora te mimo, con ganas y mucho. Perdona. Lo siento. No debería. Lo intento. Te lo prometo.

Ten hijos pronto

Cartas a mi hijo 6

ten hijos prontoNo es una norma válida para todo el mundo. No es un dogma. No es una orden. No es una verdad absoluta. Simplemente es un deseo para ti, querido hijo, porque te conozco y sé que tú entenderás por qué lo digo.

Siempre quisiste tener hermanos, lo pedías con insistencia y a mí me hacía gracias oírte. Pero mi situación no era la ideal. Yo ya tenía cuarenta años y estaba recién divorciada. El cuerpo no me pedía hijos y la cabeza menos. Además, me autoconvencí de que ya había disfrutado la experiencia de ser madre, de que tenía suficiente. Tú no, nunca tuviste suficiente. ¡Querías un hermano! Incluso nos pediste a Luis y a mí que lo adoptásemos cuando te diste cuenta de que con mi edad quizás ya fuese demasiado tarde. Aprovecho para contarte que Luis me dijo hace poco que él no sentía que se hubiera perdido la paternidad porque te tenía a ti, al que sentía y quería como un hijo.

Y ahora así nos vemos, no tienes hermanos y para rematarla, tampoco primos. El otro día me decías que te imaginabas las fiestas señaladas de tu futuro muy despobladas… ¿Recuerdas lo que te dije? Que tendrías tu propia familia con la que celebrarlas, además de la que ya tienes ahora. Tu mujer y tus hijos serán el centro de tu universo. Ponte en ello pronto, disfrútalos y cuídalos mucho, y cuéntales lo loca que estaba tu madre, lo mimosa que era y lo mucho que te quería.