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Del amor y del odio.

IMG_8058La sorpresa te deja sin saber qué decir. Sientes rabia, pero una rabia sorda, de la que te deja mudo. No conoces a nadie que haya muerto -no te toca tan de cerca-, pero esa noche, no duermes bien. Los siguientes días sientes tristeza y más rabia. Casi prefieres no pensar en ello, pero una y otra vez el recuerdo vuelve, porque todo cuanto te rodea parece estar ahí para que no olvides. Nos vamos unos días fuera, a Madrid, lejos de tanto dolor y de conversaciones recurrentes, porque, sin querer, queremos hablar de ello una y otra vez.
Junto al hotel en el que nos alojamos está El Horno de San Onofre, una de las mejores pastelerías de la ciudad. Desde la calle en el cristal puede leerse “Todos somos Barcelona”, junto al símbolo de la paz. Todos los días desayunamos allí.

-¿Quieres probar la pasta favorita de Florentino Díaz? -me dice el que parece el dueño señalándome una rosquilla bañada en crema con una pinta buenísima.
-Pues, sí, muchas gracias.
Lo cierto es que está riquísima.
-Póngame una cajita para llevar, que me vuelvo a Barcelona. Por cierto, me ha gustado mucho el mensaje que tiene fuera.
Él asiente despacio y su rostro se entristece.
-Lo hemos sentido mucho -dice señalándose el brazo, para mostrarme que se le ha erizado el vello -. Me emociona…
-Ya, ha sido muy triste…
Y entonces, después de cinco días del atentado, no puedo evitar llorar al ver a aquel hombre emocionarse. No conoce a nadie que haya muerto -no le toca tan de cerca-, pero su tristeza me roza y, por un instante, me siento tan cerca de ese desconocido que me gustaría abrazarle. Me contengo, la pastelería está llena y el momento pasa.

En Cambrils murió una mujer apuñalada. Según explicó en la televisión alguien que la conocía, estaba luchando contra la enfermedad desde hace tiempo. Es lo que suele decirse de los enfermos de cáncer. Paradójicamente, éste no acabó con ella, sino el odio de un desconocido.


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Cáncer: no acepto pulpo

IMG_7619Programa First Dates, semana pasada. Una pareja está conociéndose. Ella es médico de urgencias. Él le comenta que ha superado una enfermedad muy grave. No dice el nombre, de hecho deja la frase en suspenso, mientras mira intensamente a su compañera. Ella le contesta algo así: “no la digas, ni la menciones. Además, es mi horóscopo”. Fin de la conversación sobre el tema. Cambio de tercio hacia algo más ligero, menos triste. Al fin y al cabo estamos en la tele, en horario de máxima audiencia, no tocan penas, no.
El caso es que la palabra cáncer es como una especie de “diabólico palabro” del diccionario. Si introduces en Google “palabra cáncer”, ¿sabéis lo que sale? Os invito a probarlo. Sale esto:

cac

No podía ser de otra forma. No deja de ser irónico que la primera entrada sea “palabra cancerbero”, un perro de tres cabezas que guardaba los infiernos según la mitología griega. Después aparece “grave”, y luego “tabú”.

Siglo XXI, supuesta era moderna. Muchos enfermos de cáncer superan la enfermedad, o luchan contra ella durante mucho tiempo. Otros, es cierto, mueren. ¿No sería mucho más motivador para los enfermos y sus familiares que la enfermedad perdiese su estigma social? ¿Qué pudiese hablarse abiertamente de ella en un medio masivo como la televisión? ¿Cuántas veces se habla de cáncer en la tele si no es para decir que alguien ha caído enfermo o que tras una larga lucha ha muerto? ¿No se supone que es una enfermedad que nos rodea, que todos tenemos conocidos o familiares que lo padecen? Esta sociedad necesita hablar sobre el cáncer, saber más sobre el tema y sobre lo que sienten y necesitan los que la padecen, sobre cómo podemos ayudarles y acompañarles en su camino, sobre cómo está evolucionando el tratamiento, sobre cómo prevenirlo…. Pero sigue tapándose, escondiéndose. Mejor barrer debajo de la alfombra, que nadie se incomode, ni mentarlo. Y en realidad no es justo para nadie, pero, sobre todo, no lo es para los enfermos de cáncer. Muchos llegan a autoconvencerse de que es mejor no hablar de ello, cuando es algo que marcará sus vidas, las cambiará para siempre. Porque una cosa es superarlo, dejarlo atrás, y otra cosa borrarlo.

El cáncer me ha cambiado. ¿Cómo no iba a hacerlo algo que ha impactado tanto en mi vida? Hoy soy una persona diferente, porque he vivido cosas que me han transformado, puede que incluso para bien, a pesar del sufrimiento.

En el fragor de la batalla

IMG_6319Uno de ellos estaba oculto tras una esquina. Podía ver a su alrededor a los compañeros corriendo y a muchos cayendo, con el rostro desencajado por el dolor. La mayoría no volvían a levantarse, otros gritaban y lloraban desde el suelo. Él prefería no enfrentarse a ello, de forma que permanecía allí, en aquella esquina que parecía segura. Estaba casi paralizado por el terror, así que su fusil callaba. Si disparaba delataría su posición. ¿Cuánto podía durar aquello? ¿Quién vencería? ¿Y si su bando perdía? Entonces no habría servido de nada su estrategia. Caería también, preso de la vergüenza de saber que el miedo había dominado sus últimos minutos en la tierra.

El otro corría agachado. Barría con la mirada cuanto le rodeaba, atento a cualquier sonido extraño que delatase a sus enemigos. Pero no cesaba en su avance. Se detenía a investigar delante de cualquier parapeto, y continuaba cuando veía campo libre, sorteando balas y granadas. Tenía miedo, mucho, al dolor, a la muerte, pero la esperanza de conseguir avanzar y alcanzar la victoria le espoleaba a no detenerse. No podía detenerse. Luchaba por su vida y por la de los que amaba, porque ellos le esperaban en casa y le querían vivo. Debía conseguirlo: correr, avanzar, protegerse, continuar, luchar.

¿Qué tipo de luchador quiero ser yo? ¿El que avanza a pesar del miedo y se arriesga para alcanzar la victoria, o el que se oculta en una esquina, paralizado por el miedo y ajeno a lo que está sucediendo?

Supongo que soy los dos, a ratos valiente y a ratos cobarde. Corro y luego me detengo y lloro. Porque el miedo es el sentimiento más primario. Existimos gracias al miedo, que nos protege, y a pesar del miedo, que nos paraliza. Pero es la esperanza la que arranca de nosotros la valentía necesaria para continuar más allá de lo esperado, para explorar nuestro futuro y vislumbrar la meta que todos buscamos: el amor puro.

P.D.: Confirmadísimo, me operan. Me quitarán la mitad del hígado actual. Estoy esperando la llamada del hospital para que ingrese. Será el miércoles o el lunes, martes o miércoles de la siguiente. Estoy agradecida, esperanzada y acojanada a partes iguales. Gracias por vuestro apoyo. Un abrazo muy fuerte y también algunos de algodón.

Vida y milagros

IMG_6131Me operan. De nuevo. Tras ocho meses de quimio en los que me han repetido por activa y por pasiva que era muy difícil que pudieran hacerlo por la ubicación compleja de las metástasis, la semana pasada me llamaron para comunicarme que sí, que los cirujanos han decidido operar. Mañana martes me hospitalizan para hacerme una embolización de la parte del hígado que me quitarán en unas semanas. Para los que no lo sepan, la embolización consiste en taponar las venas que alimentan la zona enferma, para que la sana, al verse sola, coja más volumen. Vida y milagros de un hígado.
Me operan. Y significa mucho, porque me evita de momento entrar en ensayos clínicos, la única vía que parecía abierta. Significa también que puedo estar una temporada (corta o larga, no lo sé) sana, sin tratamiento, haciendo una vida casi normal. Significa que este verano iré de vacaciones con mi familia, que aquellos que me quieren se sentirán más tranquilos, que mi pelo crecerá, que me pondré morena… No sé cuántos veranos así tendré, ojalá que sean muchos, pero de momento éste será así. Sólo hace falta un poquito más de suerte, que todo vaya bien. Lo que sí que sé es que mucha gente pensará en mí y me mandará su amor y su fuerza. En los momentos de bajón, que haberlos haylos, pensaré en todos ellos, en la gente que quiero. Y en los de euforia, compartiremos risas y abrazos. Pronto, muy pronto. ¡Me operan!

Ni bicho ni veneno

IMG_6050Hoy es la última. Eri, nombre abreviado de la segunda quimio que he recibido (eribulina), se acaba. Su compañía ha sido relativamente breve, tres meses, pero intensa. Tres meses de esperanza, porque ¿y si ésta sí funciona? No negaré que de tanto en tanto la pregunta contraria pasaba por mi cabeza, pero como lo único a lo que te puedes aferrar es a la esperanza, procuras eliminar los malos augurios y los miedos. Os contaré algo que me impactó mucho cuando llegué a este mundo del cáncer.

Cuando todo comienza, uno de los lugares a los que casi no puedes evitar acudir es a internet. Buscas información sobre la enfermedad, sus problemas y las soluciones. Buscas gente que esté en tu misma situación y aprender así de su experiencia. En Facebook hay un par de grupos grandes de enfermos y familiares, también hay muchos foros dedicados al tema. Hace mucho dejé de visitarlos. ¿Por qué? En estos grupos se tiende a hablar del “bicho” refiriéndose a la enfermedad. “¡Este bicho malo que me ha enfermado y contra el que estoy luchando!”. También se suele hablar del “veneno” que te dan para matarlo, es decir, la quimio. ¡No, no y no! Yo no tengo un bicho, es una parte de mi cuerpo la que ha enfermado, sin ningún bicho mediante. Mi pobre pecho, mi hígado, no tienen bichos de ningún tipo. Y la quimio no es un veneno, es el preciado medicamento que aspira a curarme, que me toque la lotería de la vida, ¡es oro líquido! Quizás provoque otros efectos indeseados, pero su objetivo es tan bueno que yo solo puedo alegrarme cuando la recibo. Entiendo otras formas de ver este tema, de verdad lo hago, pero ésta es la mía, la que me sirve para no perder la sonrisa.

Así pues, Eri dice adiós. Le doy las gracias por su ayuda. Dentro de poco sabremos si ha servido de algo. Ojalá. Cruzad los dedos. Un abrazo.

………………..

P.D.: Y encima con Eri sólo había un 50% de posiblidades de que el pelo se viera afectado, y he tenido suerte. No me afectó. En tres meses algo de pelo ya me ha crecido, mirad:

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Selfie: el pelo crece de nuevo. Me sigo viendo mejor con peluca, pero ¡bueeeeeno!

Test de optimismo

IMG_6012.JPGHoy buscaba por Internet la palabra “felicidad” y me encontré con numerosos test para evaluar tu nivel de optimismo ante la vida.
Seleccioné el que me pareció más “serio”, y tras completarlo, os informo (y esto va a misa) que soy un 8% pesimista, un 33% neutra, y un 59% optimista. Parece que no siempre, pero en general tiendo a ver el vaso medio lleno. Parece que suelo ver la vida de color rosa. Parece que lloro más que río. Parece que soy casi feliz, no solo porque yo lo valgo, sino porque puedo y quiero. 
Cuando decidí llamar a este blog “Pepa Sonríe” lo hice después de descartar “Con K de Kancer”. El segundo era demasiado obvio y un poco deprimente. Quería que escribir y leer en este espacio fuera un momento distendido, agradable y útil. Aquí podría explicar lo que siento a los que quiero, que me sintiesen más cerca, y quería hacerlo desde la esperanza y el amor, no desde el dolor y el desánimo.
Eso no quiere decir que disfrace mi vida de color de rosa para no ver los problemas que me abruman. Haberlos haylos, como las meigas. Pero yo decido (o al menos lo intento) si mi vida me lleva o la llevo yo a ella como buenamente puedo. ¿Tengo suficientes motivos para estar preocupada y triste? Quizás, seguro…, pero también tengo muchos otros para sonreír y sentirme afortunada. No siempre es posible, pero de momento para mí es una cuestión de voluntad y perspectiva.

Por si alguien tiene curiosidad por hacer el test que yo realicé, aquí dejo el enlace. Ojo, no creo que sea el test más serio del mundo, pero bueno, es cortito y no pregunta tonterías. Al final del texto está la versión interactiva, que te da una puntuación directa. Si lo haces, me gustaría saber tu resultado, please!

Test optimismo

 

Esperanza con avaricia

IMG_5958-¿Has decidido ya tu deseo para el nuevo año, amor?
-No, me lo tengo que pensar bien. ¿Y tú?
-Sí, le pedí salud para ti, y también hacer ese viajecito que tenemos pendiente, que las cosas vayan bien en el trabajo, y claro, que esta vez consiga dejar de fumar.
Pero eso son cuatro deseos, dijimos uno.
-Es verdad… Pues entonces no sé… me quedo con la salud… y con el viaje.
-Tramposillo.
-¿Aún no tienes el tuyo claro?
-Creo que este año me voy a pedir una buena dosis de esperanza, el anterior a veces hice corto.
-Me gusta tu deseo. Intangible, pero hermoso.
-¿Qué tiene de malo la intangibilidad?
-Que tengas o no esperanza solo depende de ti, no es medible o comprobable. ¿Cómo sabrás si tu deseo se ha cumplido en mayor o menor medida?
-Mi esperanza se nutre de la de los demás, no te creas.
-Yo tengo mucha esperanza, lo sabes. Pero me vas a salir barata…
-No, al contrario. Yo quiero más esperanza de que veré cómo se cumple cualquiera de tus deseos, sobre todo el de ese viajecito que tenemos pendiente; más esperanza de que llegarán buenas noticias, ya sabes; más esperanza de que el 2016 acabará mejor que empieza, aunque solo sea un poquito; más esperanza de que seguiré teniendo ganas de sonreír; más esperanza de que el futuro tiene muchas páginas en blanco para mí. Esperanza, a manos llenas, con avaricia, desbordante, enérgica y sincera.

Ella se volvió tan triste

IMG_5876Sus ojos azules siempre parecían tristes. Incluso si esbozaba una sonrisa, tímida y breve, casi torcida, ésta no lograba contagiar a su mirada. No siempre había sido así, recuerdo su risotada franca y la forma en que los ojos se le achicaban hasta casi desaparecer, traviesos. Era fuerte, abierta, alegre, sincera.

Un día cayó enferma, y lo hizo con un diagnóstico gris y futuro incierto. La enfermedad cortó sus alas y el dolor la detuvo en seco. Cada mañana se ponía la cara B del disco, esa que nadie quiere oír porque no es bonita. Y se volvió irremisiblemente triste. Yo la veía intentarlo, la veía ocultar su desconsuelo a amigos y extraños, a sus hijos… Pero las palabras se le oscurecían en la boca. Vivía a medias, como quien desea soñar pero solo consigue tener pesadillas y se mantiene en vela.

Un día, sus preciosos ojos azules desaprendieron la vida y decidieron cerrarse para siempre. Y yo la echo de menos, más de lo que imaginé. Y tengo miedo, porque no quiero dejar nunca de sonreír a lo bueno que tengo. Incluso aunque a veces me sobren motivos para no hacerlo. Pero no sé si tan sólo cuestión de voluntad. ¿Ama el que así lo quiere? ¿Río si lo deseo?

….

Me acuerdo mucho de ti, Loli, mi niña triste. Estés donde estés, espero que ahora sí sonrías. Te quiero.

¿Susto o muerte?

tristeza muerteEra un chiste estúpido: dos amigos se encuentran y uno pregunta: ¿qué prefieres, susto o muerte? El otro responde: susto. Entonces el primero lo agarra y le grita al oído: ¡uuuaaaahhh!
-¡Qué susto, hombre!
-¡Ah, pues haber escogido muerte!

Esta semana me he visto viviendo ese absurdo chiste. Una conversación con el médico me dejaba muy preocupada, la espera del resultado de una prueba importante me tenía en vilo, y una llamada urgente de teléfono desde el hospital me dejaba con la moral por los suelos y el susto corriendo por las venas. De lunes a miércoles, mi chico y yo vivimos con el miedo y la desesperanza metidos en el cuerpo, compartiendo lágrimas y abrazos desesperados: tras varios meses de quimio resultaba que ésta no funcionaba, los tumores estaban despiertos y creciendo y, por tanto, se descartaba operar.

Del susto a la muerte. El futuro parecía tan negro que era difícil sobreponerse.

Sin embargo, el jueves llegó la esperanza de nuevo. Un médico nos explica que hay otra quimio, que empezaremos en seguida y que quizás después se pueda operar.

-En tu caso seguimos yendo a por todas, Pepa -me asegura-. Mírate, estás tan bien, eres tan fuerte y eres tan joven. Con personas como tú hay que intentar todas las posibilidades a nuestro alcance. Y las hay.

Eribulina: esa es mi nueva quimio. Empiezo en diez días y me acompañará durante al menos cuatro meses. “Eri” ha (casi) ahuyentado al susto y a la muerte. Es una segundona, pero ha llegado con la fuerza de la esperanza y sin promesas. Es como un amante fugaz, pero sincero.


No suelo compartir mis problemas médicos en el blog, pero esta semana ha sido tan especial e importante para mí, que no hubiera sido sincera si no lo hubiese hecho. Gracias por estar ahí, amigos y no os asustéis por mí, vuelvo a sentirme casi siempre fuerte y tengo muchas ganas de curarme. Un abrazo.

La esperanza es frágil

desesperanzaSuele decirse que la “esperanza es lo último que se pierde“, que nos “agarramos a un clavo ardiendo” antes de darnos por vencidos. La esperanza forma parte de nuestro carácter humano y nos hace avanzar. Sin embargo, la esperanza es algo frágil. Cuando una enfermedad como el cáncer llega a tu vida mantenerla se convierte en una lucha minuto a minuto. Hay muchos momentos complicados, pero quizás el más difícil es aquél en el que un médico en el que de entrada confías realiza sentencias sobre tu vida como las que he escuchado en estos dos años: “No vas a llegar a la jubilación”, “a ver si arañamos dos añitos con este tratamiento” o”lo tuyo es más complicado de controlar que un cáncer de huesos”. Son frases que se te cosen al alma y se quedan allí para siempre por mucho que intentes liberarte.

Después, alguien que te quiere bien o que simplemente te desea lo mejor, observa tu preocupación y te insiste en que tienes que estar animado porque es muy importante para tu recuperación. Tú asientes, con una sonrisa que no alcanza a iluminar tus ojos, y piensas en cómo conseguirás descoser esas malditas palabras de tu mente y enviarlas lo más lejos posible de tus recuerdos. Porque anhelas recuperar la esperanza, lo deseas por encima de todo. De lo contrario ¿cómo podrías continuar con un proceso que no es agradable ni sencillo? Algunos lo consiguen y otros no. Yo me he propuesto seguir sonriendo, aceptando mis momentos de bajón, pero agarrada firmemente a todo resquicio de esperanza que se me ofrece. Qué maravilloso regalo.

Gracias, Dr. Perich, Dra. Eres, por devolverme la esperanza.