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Contenta, casi siempre.

tornado

Se supone que tengo que estar contenta. Y lo estoy. Casi siempre.

Imagina que vives en una región americana en la que la temporada de tornados llega cada año. Tienes pavor a los tornados, porque ya han arrasado unas cuantas veces tu casa, tus tierras…. Incluso provocaron la muerte de unos vecinos a los que apreciabas mucho.

Dentro de poco llegarán de nuevo y tú preparas tu casa como sueles hacerlo. Ahora todo está en calma, el cielo es azul y la hierba se mece suavemente al compás de un viento suave, agradable. Todo está como debe estar. Pero no durará, lo sabes. De modo que la inquietud te ronda conforme avanzan las semanas. Recuerdas situaciones vividas anteriormente y te estremeces. Recuerdas el miedo en el rostro de los que amas y te estremeces. Y luego sonríes, porque ahora todo está bien, te recuerdas. Quizás lleguen los tornados y pasen sin hacer mucho daño. Tal vez la preocupación que ahora te embarga sea en vano. Pero tengo que asegurar mejor las ventanas, te dices, mejor estar bien preparado.

Así me siento, asegurando las ventanas y acumulando provisiones para cuando lleguen los tornados. Aprovecho para disfrutar cuanto puedo, para acumular buenos recuerdos y asegurar sonrisas. Me rodeo de gente que me brinda mucho amor, paz, alegría. Me lleno de todo ello para sentirme bien provista, fuerte ante la adversidad. ¿Contenta?  Sí, casi siempre… Procuro no pensar en ello, pero es inevitable: vendrán los tornados y dan miedo.

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Un monstruo viene a verme

img_6886Es tarde y estoy cansada. Tengo ganas de cerrar los ojos y perderme en la noche. Sin embargo, no puedo conciliar el sueño. Hay demasiado en qué pensar. Siempre ha sido así. Recuerdo que muchas ideas para mi trabajo se me ocurrían precisamente en esos momentos de vigilia.
Pero ahora querría dormirme rápido y no pensar. Desde hace un tiempo un monstruo viene a verme casi cada noche. ¿Por qué la noche tiene que ser tan oscura? ¿Por qué tan triste? Desde hace unos días no para de llover y amanecen días oscuros, como si la noche estuviese golpeando al día y éste se quejase.
Yo también me quejo. Es tarde y estoy triste. Acurrucada en mi cama, siento frío. El monstruo vendrá ahora y me arrancará la sonrisa, me pondrá cabeza abajo hasta que escupa la verdad: que soy una cobarde.
Cuando despierte por la mañana intentaré sacudirme y levantar la cabeza, abriré los ojos buscando el sol -¡aparece ya, por favor!- y me engancharé a su luz para lograr sonreír. Mañana será un día mejor, o eso espero.
Pero esta noche, el monstruo vuelve, ya está aquí. Y no es amable, ni gracioso, ni fuerte… es un ser etéreo que me envuelve, como si quisiera acunarme, como si en realidad me amase. A menudo me susurra: pobrecita… recuerda que tienes motivos para llorar… Y me cuestiona sobre el futuro: ¿Qué será de ti, mi niña…? Y de los tuyos… ¿Y si lo que te preocupa se cumple…?
Mi monstruo pretende que crea que se preocupa por mí, pero en realidad me araña por dentro. Y duele. Mi monstruo tiene un nombre: miedo.
Pero como cualquier princesa que se precie, tengo un caballero andante para luchar contra él. Alargo la mano y le toco. Entonces él se acerca a mí, me da un abrazo de cucharilla, como él lo llama, y me dice que me quiere. Poco a poco el monstruo se aleja, de hecho corre despavorido. Mi caballero es el mejor. Mañana será otro día. Estoy muy cansada.

Ella tiene un poder

img_6754Cuando era jovenzuela (muy jovenzuela), hice un curso para ser monitor nacional de atletismo. Aprendí muchas cosas interesantes, pero recuerdo que una de las más importantes era evitar la frase “no tengas miedo”. Cuando por ejemplo un saltador de pértiga comienza a correr, eso es lo peor que le puede decir su entrenador. El saltador debe clavar la pértiga y separarse del suelo entre 4 y 5 metros habitualmente (el récord mundial supera los 6). Su cuerpo vuela, literalmente, por encima de una barra. Es una especialidad para valientes. La clave está en correr con decisión, saltar con ambición y soltarse de la pértiga con valentía y fuerza.
Decisión, ambición, valentía y fuerza. Todos tenemos esas cualidades en nuestro interior, pero a veces viven tal sequía mental, que las aniquilamos. Porque mis pensamientos, mi mente consciente, me envía mensajes negativos continuamente, y cuando llega una situación difícil me digo “uy, eso duele”, “cuidado, eso me disgustó la vez anterior”, “odio hacer esto”o “no voy a poder hacerlo, es muy difícil”…  Esos mensajes van alimentando mi subconsciente, de modo que ante una nueva situación difícil algo me retendrá de entrada, condicionándome sin casi darme cuenta. Pero me he dado cuenta de las trampas que mi cabeza utiliza, de las barreras que me coloca. Cuando sé que en breve tendré que “saltar” con valentía porque me espera alguna situación dura, muchos días antes ya siento el miedo agazapado en mí.
Sin embargo, hay también un poder oculto en mí, una fuerza interior esperando a ser llamada a escena. La percibo, está ahí, enterrada en mi subconsciente. Si la llamo, me responde. Si me digo “podré con ello”, “esta vez puede ser diferente”, “será para bien” … de repente todo cambia. No sólo tengo que decírmelo, por supuesto, tengo que creerlo, y ello supone un esfuerzo mental importante y un trabajo interior permanente. Puedo hacerlo. La familia y los amigos pueden ayudarme, pero al final soy yo, solamente yo, la que debo conseguirlo. Buscar mi luz, mi fuerza, mi poder. Ese que forma parte del universo y que todos tenemos.

P.D.: El lunes pasado fallé. Me realizaron una pequeña operación y no estaba centrada. Me costó encontrar mi poder… Dentro de tres semanas tengo otra, y ya lo estoy buscando. Os dejo un pequeño obsequio. Cuando pensé en escribir este post, la canción me vino a la cabeza y me hizo sonreír. Un abrazo.

Lo que ocurre a veces

IMG_6728A veces no es fácil.
A veces, sólo a veces, es difícil, y duro.
A veces, no ves que el sol está sobre tu cabeza,
como cada día,
y no percibes los colores o la luz en las pequeñas cosas.
A veces, todo es extraño,
como si tu vida la gobernase otro,
alguien que se ríe cuando tú lloras.
A veces, la ternura es dolorosa,
y el amor amargo.
Y eso, es lo que más duele.
Porque el amor debería sanarlo todo.
Por eso a veces, cuando no lo consigues,
te rindes sin saberlo, te olvidas,
de lo bueno, hermoso y verdadero
que tienes en tu vida.
A veces, solo a veces.

Dedicado a mi amigo Fernando. Un hombre bueno que nunca se rindió, pero se fue.

Sé que esta entrada es muy triste, que no responde al título de mi blog. Pero ninguna vida es toda sonrisas. Hay momentos menos buenos, que llegan y se van. El otro día una doctora me explicaba que hay que acogerlos y dejarse llevar, llorar y gritar sin cortapisas, porque después te sientes mejor, liberado. A veces lloramos a medio gas, reprimiéndonos, frustrados por nuestros propios sentimientos. Y esa sensación permanece en nuestro cuerpo, como la marca de una arañazo que no se cura. Por eso, a veces, hay que dejarse llevar por la tristeza, acogerla y aceptarla. Un abrazo.

¡Deja de hacer eso!

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Nueva imagen con pelo corto.

No es más que una pequeña flor de plástico, amarilla y verde. Si le da el sol, se balancea a derecha e izquierda, y sus hojas suben y bajan con alegría. Pero la he colocado bajo una luz artificial, y repite los mismos movimientos, pero desacompasados y lentos.
EsIMG_6160tos días a menudo me siento como esa flor: fuera de lugar y cansada. Intento acercarme al sol y volver a ser feliz, pero solo consigo una luz débil, artificial, que me anima a destiempo.

¿Cómo estás? Me pregunta todo el mundo, tras la intervención de la semana pasada. Se preocupan, me quieren. Y yo no sé qué contestar. Bien, supongo, todo fue bien. Mi cuerpo se recupera bien, como siempre lo hace. Mi cuerpo se merece un diez. Pero mi mente se deja atrapar por el futuro, en lugar de disfrutar de cada instante que se le ofrece, y se pierde por caminos obtusos que me desgobiernan. ¿Qué pasará cuando…? Y en esos puntos suspensivos se me colocan presagios funestos, pesimismo, tristeza. Y olvido, olvido que en realidad debería ser muy feliz porque me operan y eso es una oportunidad que debo aprovechar y distrutar como nunca. Sólo se opera el 25% de los casos de mestátasis hepáticas y yo ya llevaré dos operaciones. Es casi un milagro. Pero en esos puntos suspensivos se me agolpan todos los miedos a medio y largo plazo. Y duele. Duele tanto que si me dejo llevar, me pierdo.

Desde el principio me juré a mí misma que no me convertiría en un ser triste, pero es tan fácil alejarse de la luz y detenerse…

Os contaré algo que me está ayudando.

Una mujer acude al psicólogo. Este le explica que la consulta sólo cuesta 5 dólares por los primeros 5 minutos, que luego no le cobrará más y que no devuelve cambio. Ella sonríe y acepta. Le cuenta que tiene miedo a ser enterrada viva, a los espacios cerrados, que ni siquiera puede montarse en su coche. El médico le responde que tiene una solución para ello, una frase que debe memorizar para siempre. Ella se prepara para retenerla.
-La frase es: ¡Deja de hacer eso! -El psicólogo mira su reloj y luego a ella fijamente-. Sólo han sido tres minutos. Me debe 3 dólares.
Al final de este post os dejo el vídeo completo. No tiene desperdicio. La sesión dura un poco más luego.  Cuando lo vi, me hizo reflexionar mucho. De hecho me lo recomendó uno de mis médicos tras explicarle que estaba muy preocupada por el futuro y que eso me deprimía. Y es que resulta tan sencillo dejarse llevar por los miedos y pensamientos negativos… pero está en mis manos cambiarlo, y sólo en mis manos. Nadie puede hacerlo por mí. Yo decido si distruto el presente o me pierdo en el mañana. ¿Parece fácil, verdad? Pues no lo es en absoluto. Agradezco cualquier empujoncito adicional hacia la luz, amigos. Un abrazo.

 

P.D.: Gracias por la flor, Juana Mari. Cuando la veo me recuerda a ti y me hace sonreír. Te quiero mucho.

Ser valiente no es no tener miedo

Luis y pepasonrie-¿Por qué lloras, amor?
-Por todo. Estoy preocupada.Tengo miedo.
-Yo también lo tengo, amor.
-No soy tan valiente como dicen, supongo.
-Sí, lo eres. Eres capaz de sobreponerte y volver a sonreír, un día tras otro, a pesar de la tristeza que muchas veces veo en tus ojos.
-Me tienes calada.
-Sí.
-Y me quieres.
-Mucho.
-Yo también te quiero. Y cuando te abrazo, me da pena, porque no quiero alejarme nunca de ti.
-Pues no quiero que dejes de abrazarme.
-Y yo no quiero estar tan preocupada y triste.
-Yo también estoy preocupado.
-Lo sé, y tampoco quiero que tú lo estés.
-Pero mira que día tan bonito hace.
-Es cierto, qué cielo tan azul y brillante.
-Este momento no nos lo quita nadie.
-Es nuestro, ¿verdad?
-Sí, vayamos a la playa, a caminar por la arena.
Vayamos, vida.
-Te quiero muchísimo, ¿lo sabes, verdad?
-Yo más, y ya no estoy triste.
-Yo tampoco.
-Qué sonrisa tan bonita tienes.
-Y tú qué boca tan besable.

Dedicado, como casi siempre, a Luis.
Gracias por estar junto a mí.

¿Susto o muerte?

tristeza muerteEra un chiste estúpido: dos amigos se encuentran y uno pregunta: ¿qué prefieres, susto o muerte? El otro responde: susto. Entonces el primero lo agarra y le grita al oído: ¡uuuaaaahhh!
-¡Qué susto, hombre!
-¡Ah, pues haber escogido muerte!

Esta semana me he visto viviendo ese absurdo chiste. Una conversación con el médico me dejaba muy preocupada, la espera del resultado de una prueba importante me tenía en vilo, y una llamada urgente de teléfono desde el hospital me dejaba con la moral por los suelos y el susto corriendo por las venas. De lunes a miércoles, mi chico y yo vivimos con el miedo y la desesperanza metidos en el cuerpo, compartiendo lágrimas y abrazos desesperados: tras varios meses de quimio resultaba que ésta no funcionaba, los tumores estaban despiertos y creciendo y, por tanto, se descartaba operar.

Del susto a la muerte. El futuro parecía tan negro que era difícil sobreponerse.

Sin embargo, el jueves llegó la esperanza de nuevo. Un médico nos explica que hay otra quimio, que empezaremos en seguida y que quizás después se pueda operar.

-En tu caso seguimos yendo a por todas, Pepa -me asegura-. Mírate, estás tan bien, eres tan fuerte y eres tan joven. Con personas como tú hay que intentar todas las posibilidades a nuestro alcance. Y las hay.

Eribulina: esa es mi nueva quimio. Empiezo en diez días y me acompañará durante al menos cuatro meses. “Eri” ha (casi) ahuyentado al susto y a la muerte. Es una segundona, pero ha llegado con la fuerza de la esperanza y sin promesas. Es como un amante fugaz, pero sincero.


No suelo compartir mis problemas médicos en el blog, pero esta semana ha sido tan especial e importante para mí, que no hubiera sido sincera si no lo hubiese hecho. Gracias por estar ahí, amigos y no os asustéis por mí, vuelvo a sentirme casi siempre fuerte y tengo muchas ganas de curarme. Un abrazo.

No me digas que no es nada

mucho que perder no me digas que no es nada

No me digas que no es nada.
Lo es todo.

El riesgo de no volver a sonreír
es mucho.
La sola idea de perder un amanecer
es mucho.
Y el instante de silencio absoluto que imagino y temo,
es demasiado.

No me digas que no es nada.
Lo es todo.

No es una pequeñez, ni una manía.
Ni siquiera es una pesadilla.
Es la vida jugando a los dados.
Aquí te pillo, aquí te mato.

Y la vida, esa que me invitó a bailar,
me susurra tristezas y me guiña el ojo.
Y no es divertido, ni gracioso,
ni siquiera es justo.

No me digas que no es nada.
Lo es todo.

De hecho, el riesgo de perder cuanto poseo
me empuja al desconsuelo.
Y poseo tanto…
Tengo  más de dos millones de besos,
cerca de un millón de abrazos,
y casi un billón de sonrisas.
Tengo amor para treinta años
y pasión para otros tantos.
Tengo prisa y calma,
tengo ganas y paciencia.

Te tengo a ti, y a él, y a ella.
Y me tengo a mí,
aún entera.
A veces fuerte, a veces tierna.
A ratos llorona y, a ratos, una loca casi cuerda.

No me digas que no es nada.
Nada es mucho, y si me aprecias,
mucho es todo y todo apremia.

Pepa


Nota: Me encanta Fito Páez, recuerdo ahora especialmente su canción “Y dale alegría a mi corazón”. No todos los días son buenos, a veces necesitas que te den unas cuantas dosis de alegría en vena. Sé que tengo mucha gente dispuesta a ello. Un abrazo para todos.