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Gracias

IMG_7956Creo que nuestras vidas están llenas de pequeños milagros, cosas buenas que pasan continuamente y a las que a menudo no damos importancia. Es porque están inmersas en lo cotidiano, coloreadas por el tinte de lo habitual. Un niño da sus primeros pasos, tambaleándose, temblando inseguro y el noventa y cinco por ciento de las veces caerá de culo, desafiando la ley de la probabilidad. Nadie le ha enseñado a hacerlo, pero él sabe que mejor caer de culo…
Un grupo de niños juega alrededor de una piscina. Los padres no les quitan ojo. Saltan al agua, corren por el suelo mojado, se empujan. El noventa y nueve por ciento de las veces no hay accidentes, a pesar de las veces que los observadores adultos se quedan con el “ay” colgado en el pecho.
Un hombre y una mujer se encuentran y se enamoran. Se aman durante mucho tiempo. Parece fácil pero no lo es, todos los sabemos. Es un pequeño milagro dar con la persona adecuada, con ese alma gemela que asegura nuestra felicidad.
Y luego están los grandes milagros, los que nos dejan sin habla, sin aliento, porque no podemos explicarlos sin atribuirlos a la intervención de algo o alguien que nos sobrepasa y nos conmueve.
En mi última operación, la biopsia final indicaba que, a pesar de haber extraído el tumor del hígado, habían quedado restos tumorales. Sin embargo, siete meses después un tac indica que no hay enfermedad visible. No sé si será un milagro divino o una suerte loca, pero prefiero pensar que es un milagro, y no porque yo sea una persona creyente, no solía serlo, sino porque hay muchas personas que rezan por mí, algunas sin conocerme en persona, y sería hermoso que su fuerza y su fe fuesen capaces de obrar milagros, pequeños o grandes. Ya digo que yo no era creyente, y ahora no sé qué soy. En realidad anhelo creer, porque entonces muchas cosas cobrarían más sentido en mi vida. Creo que todo sería un poco más hermoso, porque mi fe se está sustentando en la bondad humana y no dejo de verla en todo cuanto me rodea.

No sé cuánto durará esta situación -los médicos me avisan de que no puedo confiarme-, pero hoy por hoy disfruto de mi pequeño gran milagro. Gracias.

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Rezar, amar y agradecer

img_6863Hermilda, maestra de escuela en Colombia, era la madre de Pablo Escobar, el narcotraficante más famoso de todos los tiempos. Pablo era un ser despreciable y sanguinario, que mató u ordenó matar a miles de personas, y llegó a controlar el 80% de la producción de coca mundial.  Pero su madre lo amaba. Sabedora del infierno de muerte y persecución en el que vivía, solía repetir “la Virgen me lo proteja y me lo ampare”. La Virgen tenía mucho trabajo con Pablo, quien, como era de esperar, acabó de muy mala manera, abandonado por todos, incluso por la Virgen. Supongo…
Como la madre de Pablo Escobar, mi madre también reza por mí. Lo sé, porque ella también es creyente, y porque me quiere como nadie. Pero también lo hacen personas a las que ni siquiera he visto ni una sola vez, hijos de amigos, amigos de mis amigos, incluso seguidores de mi blog.
De verdad, sé que mucha gente reza por mí. Me lo dicen, y yo siempre me emociono cuando lo hacen, porque aunque no soy practicante, admiro a las personas que tienen fe y son capaces de mantenerla. También me parece hermoso que alguien me tenga en su pensamiento y ruegue por mí a menudo. En el universo hay pensamientos positivos, caricias mentales de esperanza especialmente emitidos para mí. Y es casi como si las sintiese, llenándome de dulzura y amor. Gracias, gracias, gracias.

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